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Música con olor a incienso
Domingo 15 de Abril, 2012


Música con olor a incienso

Miércoles santo. El beso traidor de Judas todavía rondando las esquinas de los confesionarios que hoy se llenan más que otros días. El esqueleto desnudo de la Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza retumba. Olor a incienso anunciando una presencia sagrada.

La respiración fuerte del director invitado, Miguel Ángel Casas sigue el ritmo lento del pasillo “Humorismo”. La niebla de incienso va descubriendo platillos, clarinetes, oboes, fagots, las sillas que ocupan los músicos de la Orquesta Sinfónica de Pereira, y papeles con partituras que ignoran un solo sonido.

Nacido en Ibagué, con estudios en Alemania y Venezuela y director de la Banda Sinfónica de Cundinamarca, Miguel Ángel dibuja en el aire bajo las vigas expuestas de la catedral. Sus manos siguen el ritmo ahora más acelerado del pasillo compuesto por Álvaro Romero Sánchez.

Tres niños de cabello rizado toman fotos con sus celulares a los músicos. Una pareja joven se mantiene de pie contra una columna acercando a su bebé al origen de lo que oyen. Más atrás muchas cabezas blancas, como bolas de nieve, y a la izquierda tenis y jeans se acomodan en las bancas que los reciben sólo por hoy.

Termina el pasillo, una venia, el aplauso. Miguel Ángel se retira un momento intentando caminar entre los estudiantes sentados en el piso. El lugar no parece una iglesia, tampoco un concierto, es otra cosa; es una primavera. Continúa Vivaldi y sus cuatro estaciones.

La emisora cultural Remigio Antonio Cañarte transmite los sonidos a sus oyentes que se quedan sin conocer los guiños que Miguel Ángel hace a los músicos al tiempo que mueve la batuta. Traje negro, corbata ocre y un mechón húmedo de cabello en la frente. Cierra los ojos, se muerde los labios y respira muy fuerte otra vez.

Se ha acabado el olor a incienso junto con las confesiones de Semana Santa. Quienes salen de los confesionarios reciben la música como absolución, lo que escuchan los besa sin traición.  Algunos deciden quedarse parados porque la catedral esta llena, pero es tarde. Es el último aplauso, la última venia, la última respiración fuerte. La gente comienza a salir. Migue Ángel aún no limpia el sudor de su frente. Se acerca en avalancha un grupo de señoras de cabello blanco.

“Club de Fans Bola de Nieve”, comenta su acompañante en voz baja. No se alcanza a reír. Las señoras le hablan todas al tiempo. Una de ellas le dice: “hoy nos pusieron a escoger entre dos conciertos y vinimos acá” y más al fondo “soy su fanática”, alguien en el centro; “usted una vez me firmó un papelito”, "¿se acuerda?” “¡Lo admiro, gracias por este rato!” y “¿cómo lo ha tratado Pereira?”

Ante tantas preguntas, el director invitado responde con una mejor: “¿nos vamos para “El Pavo”?

 

Por Sara Gaviria
Estudiante de Comunicación Social y Periodismo
Universidad Católica de Pereir
Fotografias por: Yassef Briceño - Fabio Arango

Por Sara Gaviria
Estudiante de Comunicación Social y Periodismo
Universidad Católica de Pereira

 

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