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Jorge Carrigan, entre el teatro y la literatura
Domingo 07 de Octubre, 2012


Jorge Carrigan,  entre el teatro y la literatura

Es escritor, poeta, traductor y dramaturgo cubano, radicado en Canadá desde 1994. Estudió dramaturgia y dirección teatral en la Escuela Nacional de Arte en Cuba, y participó en una decena de Talleres Literarios y de Dramaturgia, entre los que se destacan el Taller Rolando Ferrer, conducido por Gerardo Fulleda, el Taller Bertolt Brecht, bajo la dirección de Fredy Artiles y el Taller de Creación Escénica.

Autor de un libro de narraciones y poemas Cascabeles en la Punta, una antología Teatro de Segunda Mano, que recoge las piezas teatrales escritas en colaboración con otros escritores. Algunas de sus piezas de teatro más recientes están publicadas en una Colección Mínima de Ediciones Versio. La Editorial Sociearte de República dominicana publica Teatro Desnudo, recopilación también de tres piezas de teatro.

En el 2010 sale su libro Bailar con la más fea, un año después  sorprende nuevamente a los lectores hispano canadienses con la novela Muñequita linda.

En la actualidad conduce un taller de teatro con actores no profesionales de todas las edades en Ottawa, Canadá. Trabajos suyos han aparecido en numerosas antologías y revistas.

A propósito de su última novela Muñequita linda

“…creo que estamos en presencia de algo de más alcance, no se trata solamente de una novela erótica; aunque en este respecto no se queda corta, sino de un trabajo satírico, que pone en tela de juicio valores éticos y morales de nuestros tiempos, crítica a los sistemas judiciales, la empresa y las instituciones, junto con ayudarnos a entender las motivaciones del amor visto desde el hombre y más precisamente de la mujer” (Ramón Sepúlveda San Martín. Miembro fundador de Ediciones Cordillera, colabora en revistas como Alter Vox en Ottawa y Apostles Review de Montreal). 

Portafolio cultural: ¿Qué es el teatro para Jorge Carrigan?

Jorge Carrigan: En mi caso el teatro es algo que me ha acompañado a lo largo de la vida, por lo que podría decir, a riesgo de parecer melodramático, que nací para el teatro o que sin el teatro no podría vivir. Pero no quiero pecar de melodramatismo, así que prefiero dar otra respuesta. Cuando era muy joven, casi un niño, leí en algún sitio que el arte, y en particular el teatro, debe funcionar en el que lo recibe como un movilizador del espíritu, como una provocación que invite a los espectadores a pensar. Eso fue una revelación para mí y me inclinó, definitivamente, hacia el teatro. Hoy, a muchos años de aquel momento, sigo pensando que el teatro es un éxito, no cuando los espectadores aplauden mucho después de la función, sino cuando no pueden dormir luego, pensando en lo que vieron y comparándolo con sus propias vivencias e ideas.

Portafolio cultural: ¿Qué significó para usted como individuo, para su proceso como escritor y dramaturgo, abandonar Cuba?

Jorge Carrigan: Con frecuencia se afirma que el escritor desarrolla su obra a partir de la problemática que conoce y dentro de la cual ha vivido, o lo que es lo mismo a decir que uno escribe para sus coterráneos y para nadie más. Venir a Canadá, sin embargo, ha representado un impulso a mi quehacer literario y diré por qué. Aquí los inviernos son largos y escribir, además de la pasión que siempre ha sido para mí, se convierte en una necesidad ineludible. De manera que no estoy de acuerdo con que la migración sea una especie de suicidio creativo. Como escritor uno anda siempre en busca de las esencias; y debajo de las diferencias culturales que puedan separar a un país de otro, la esencia de todos los seres humanos es similar. La bondad, la maldad, la envidia o el miedo son, en su esencia, categorías comunes a todos los habitantes del planeta. Pero, además, detrás de la migración se esconden también factores materiales. Yo salí de un país en el que el papel era escaso y existía una censura solapada pero imposible de evadir, por lo que publicar se convertía en algo muy arduo. Por coincidencia vine a parar a un país que es un gran productor de papel y en el cual la sociedad anima a sus miembros a expresar sus ideas con absoluta libertad. Luego, si lo que necesita un escritor es libertad y papel, tengo que reiterar que para mí significó un gran paso de avance salir de Cuba. 

Portafolio cultural: Con relación a su novela "Bailar con la más fea", ¿por qué escribir sobre el miedo y la soledad?

Jorge Carrigan: La respuesta a esta pregunta se inserta en el mismo contexto que la anterior. A mi llegada a Canadá todos me preguntaban sobre la situación política, social y económica de Cuba en ese momento y yo no sabía qué responder. No porque uno sea de un país tiene que comprender en profundidad todos los fenómenos que ocurren, mucho menos opinar responsablemente sobre problemas, soluciones y perspectivas; pero la ignorancia nunca ha sido algo que me guste exhibir; así que me di a la tarea de indagar sobre cuáles son los hilos que mueven a la sociedad cubana, sólo para tener en mi bolso cultural algunos argumentos con los cuales responder a eventuales preguntas en el futuro. Así comencé a investigar.

Por otra parte, mi método para escribir narrativa, y que es el método sobre el cual imparto talleres, se basa en sintetizar en una palabra todo un universo de fenómenos para, a partir de esa palabra, edificar el universo de ficción que constituirá la novela. Luego de mucho hurgar en la cadena de sucesos que componen la historia y la sociografía de Cuba y que no voy a enumerar aquí, porque sería demasiado largo; llegué a una palabra: MIEDO, que podía servir como denominador común a la inmensa mayoría de los conflictos por los que tanto yo como mis compatriotas habíamos pasado. La ocasión era propicia para, escribiendo, además de conocer y comprender, pudiera exorcizar los demonios que se escondían en los entretelones de la historia que me había tocado vivir. La SOLEDAD no estuvo en el propósito inicial de la novela, sino que fue surgiendo como un resultado del ejercicio mismo de introducirme en la historia que fui creando. 

Portafolio Cultural: Como tallerista literario y de dramaturgia, ¿qué consejos le daría a alguien que está empezando la dura tarea de escribir?

Jorge Carrigan: Siempre que imparto talleres recomiendo a los alumnos, en primerísimo lugar, la constancia. Un escritor no se hace de la noche a la mañana y hay que mantenerse escribiendo contra viento y marea mientras uno va madurando: hay que aprender a extraer provecho de los errores y seguir adelante. Escribir, siempre escribir. Quien no sea constante y se rinda luego del primer intento, terminará desempeñando otro oficio y quejándose de que la vida no le haya dado la oportunidad de ser escritor.

Lo otro que recomiendo es que tengan una combinación de arrogancia y humildad; dos características ciertamente contrarias, pero que es preciso desarrollar y mantener. El escritor debe tener la humildad para saber que no somos sino una partícula en el vasto universo literario de la humanidad. Hay que reconocer que con las grandísimas obras literarias que se han acumulado a lo largo de los siglos es suficiente, que no hace un escritor más. Pero al mismo tiempo hay que tener la arrogancia de pensar que lo que uno escribe también vale la pena, que puede llegar a ser tan grande como las grandes obras y que posee la dignidad suficiente para incorporarse al patrimonio cultural humano junto a las obras de Cervantes, Shakespeare, Virgilio o Moliere. O sea, cada vez que se sienten ante la computadora, tienen que proponerse escribir una obra mejor que el Quijote. 

Portafolio Cultural: En Colombia resulta bastante complicado para un escritor plantearse el hecho de vivir de lo que produce. En un país como Canadá cómo se percibe esto, ¿es posible vivir del oficio de escribir?

Jorge Carrigan: Vivir de lo que se “produce” es complicado no sólo en Colombia y no sólo para los escritores. Mi padre fue barbero toda su vida y una noche me comentaba sobre lo duro de su oficio; y me decía, con razón, que para que una persona fuera a cortarse el pelo era preciso que primero tuviera cubiertas necesidades básicas tales como la comida, el techo o la ropa. Lo que mi padre “producía” era una imagen más agradable e higiénica, pero de la cual el individuo podía prescindir. En el caso de los escritores “producimos” bienes para el alimento espiritual, y ya habrán notado el entrecomillado, bienes que no son imprescindibles para la vida, lo que hace pensar a muchos que no producimos nada. Si vamos a la historia veremos que en otros tiempos algunos escritores y artistas tenían a los reyes y nobles como mecenas. A los demás nunca llegamos a conocerlos. Con la llegada del capitalismo el libro se convierte en un objeto de consumo y si el señor o la institución que aporta el capital considera que no será un buen negocio, que no aportará cuantiosos dividendos, simplemente, no se publica y nadie se morirá por eso. En el socialismo, que es el otro sistema en que me ha tocado vivir, el estado asume el rol de quien reparte el dinero y la publicación de una obra de arte, en el mejor de los casos, depende de que se considere que la obra aportará cuantiosos dividendos a la ideología del estado, lo cual, obviamente, lleva al escritor al mismo punto en el que lo coloca el capitalista. Por supuesto, que están exentos de este análisis los grandes autores, que han escrito obras fundamentales de nuestra literatura y que son reeditados una y otra vez y traducidos a distintos idiomas.

Canadá, como decía antes, es un gran productor de papel. Aquí, como en muchos países, existen planes para ayudar a los artistas, pero en todo caso se cumple la misma premisa de que se analizarán los dividendos que aportaría la obra que se patrocina. En fin, tanto aquí como en Colombia y en todas partes es muy difícil vivir de lo que uno “produce” cuando se trata de algo tan inapresable como el arte.  

Portafolio Cultural: Por último, coméntenos un poco sobre su última publicación “Muñequita linda”

Jorge Carrigan: Muñequita Linda es una novela muy diferente a Bailar con la más fea. En este caso el tema es la JUSTICIA, pero la historia que seleccioné para hablar sobre el tema es totalmente fantástico, que separa al lector de la realidad para llevarlo a un proceso judicial que muy raramente transcurriría en la vida real y toma como metáfora las historias sexuales de los personajes para elaborar un relato acerca de la incapacidad que tenemos los seres humanos para juzgar a los demás a partir de lo que cada cual considera justo.

Es una novela que me costó un esfuerzo adicional escribirla, porque está narrada por una voz femenina y escribir desde esa perspectiva se convirtió en todo un desafío. Pero fue muy excitante en principio y divertido durante el proceso, porque la narradora entra en complicidad con el lector para criticar a los personajes, sin juzgarlos, claro. Esta novela la escribí mientras trabajaba en la creación de un libro de cuentos y del sello editorial Unos y Otros, trabajo al que le estoy dedicando gran parte de mi tiempo en este instante.



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