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Expedición al Río Ranchería
Miércoles 17 de Octubre, 2012


Expedición al Río Ranchería




Por Gloria Inés Escobar

Licenciada en Español y Comunicación Audiovisual.
Magister en Comunicación Educativa.
Licenciada en Español y Comunicación Audiovisual.
Magister en Comunicación Educativa.

 

 

 

 

Tal vez algunas personas de las que no vivimos en la Guajira, estemos enteradas de la problemática por la que atraviesan algunas comunidades afro e indígenas de la zona, comunidades que llevan padeciendo por 30 largos años la presencia de las empresas multinacionales mineras que a cielo abierto arrancan el carbón de las entrañas de este suelo. Puede ser que otras más hayan leído algo sobre lo que allí pasa, sobre lo que esta actividad extractiva significa para sus pobladores. Quizás algunas estén enteradas del proyecto de expansión minera que pretende adelantar la multinacional Cerrejón el cual contempla la desviación del río Ranchería, la sangre del territorio al decir de los lugareños, en un tramo de 26 kilómetros. Pero una cosa es tener información sobre ello desde la distancia y otra, tener la oportunidad de verificar la situación en que esta población vive; conocer de primera mano la lucha desigual pero firme, que vienen dando las comunidades en contra de una actividad que no les reporta ningún progreso; y recorrer el territorio para ser testigos de las consecuencias ambientales, sociales y culturales que ha ocasionado la explotación del negro mineral.

Esta crónica pretende relatar lo que vimos y sentimos durante la expedición al río Ranchería más de 100 personas en los días 16 al 20 de agosto, programada y coordinada por las comunidades afectadas como parte de la lucha de resistencia que vienen librando contra los atropellos de la empresa El Cerrejón, expedición que se realizó con el acompañamiento de otras comunidades y personas que han hecho suyos el dolor y sufrimiento del pueblo guajiro.

La llegada a la Guajira

A las 6:30 a.m. del día jueves 16 de agosto nos despertamos de nuestra primera noche en el resguardo Wayuu de Provincial creado en 1988 y ubicado en el centro de la Guajira, noche de descanso después de una dura jornada de 20 horas de viaje. Después de bañarnos, con agua tirada porque en Provincial como en los caseríos no hay servicio de acueducto, nos dirigimos a casa de Luis Emiro Guariyu uno de los líderes indígenas de la comunidad. Allí fuimos amablemente recibidos y obsequiados con un desayuno propio de la región: yuca, queso y chicha (pero no la chicha que nosotros conocemos que es fermentada sino una deliciosa bebida de maíz). Tuvimos allí la oportunidad de escuchar a Emiro quien empezó a adentrarnos en la problemática que estas comunidades, la suya y las aledañas, llevan padeciendo a causa del Cerrejón.

La casa de Emiro, como las de la mayoría del resguardo que se asienta en tierra desértica está construida en barro y cercada de cactus y vegetación propia de la zona, a pocos metros de allí se accede al rio Ranchería que constituye el límite del territorio por el lado oriental. Desde allí se puede ver la montaña de escombros, de gran extensión, en la que la empresa vierte sus desechos. Desde allí también se escucha un ronroneo intermitente, el ruido constante de los vehículos pesados en los que el Cerrejón traslada el mineral.

Después de esto regresamos al colegio del resguardo sitio que fue acondicionado para recibir a los expedicionarios, una edificación en ladrillo que aún no está terminada por completo y que cuenta con amplios espacios, salones, comedores, salas de reunión y por supuesto, aulas. Ese día los niños de la comunidad llegaron a recibir sus clases y para nosotros como para ellos, encontrarnos fue un evento lleno de curiosidades, ellos nos indagaban y observaban y nosotros hacíamos lo propio. La empatía surgió al momento. Desde nuestra llegada nos sentimos como en casa.

A medida que transcurría la mañana el colegio se llenó de risas, de saludos, de hamacas y chinchorros desplegados por todos lados, de carpas ubicadas en cada sitio posible, de caras y rostros nuevos, una amalgama de vida que nos presagiaba una experiencia plena de sorpresas. Las mujeres wayuu iban y venían, unas aprovisionando los baños con agua para que quienes llegasen pudieran utilizarlos y asearse; otras, en la cocina trabajan como hormigas para preparar el almuerzo; algunas coordinaban la logística del evento en sí. La gente del resguardo que iba llegando hasta este sitio de reunión, se nos acercaba, nos daba su mano y su sonrisa, nos daba la bienvenida, todo el colegio era un bullir de vida, de comunidad. Había también tal explosión de actividad que era difícil elegir qué observar, con quién hablar, qué hacer, el colegio se volvió un hormiguero completo. Desde este momento tuve entonces la certeza que el tiempo sería escaso para tomar todo lo que la expedición ofrecería. Desde entonces también tuve la sensación, que jamás me abandonó, de que allí sin ser wayuu, ni afro, ni guajira, era hermana de ellos; que su causa hasta ahora apenas dibujada para mí, era también la mía; que su dolor y su rabia también eran los míos. Desde entonces me sentí parte de la comunidad, sentimiento que creció en la medida que pasó el tiempo.

Después de un delicioso y abundante almuerzo, ocupamos parte de la tarde en saltar de aquí a allá, de escuchar las voces de las líderes, de los indígenas, de los guajiros que tenían mil historias sobre lo que el Cerrejón había traído a sus vidas. Nos enteramos de las mil y una estrategias que la compañía utiliza para obtener lo único que quiere y busca, el carbón de la Guajira, lo demás, el discurso de la responsabilidad social, del progreso y bienestar para la comunidad, era simple engaño.

Escuchando estas historias, mirando sus rostros en un instante teñidos de tristeza, en otros, pintados de coraje; escuchando sus voces que por momentos se quebraban no podía dejar de recordar que experiencias similares las había escuchado de labios de la gente de Marmato que padecen a la Gran Colombia Gold y en general de los relatos que cuentan los pobladores que para su desgracia están asentados en lugares de proyectos mineros y que comparten independientemente de la geografía, la misma suerte, la de ser objeto de patrañas, coacciones, amenazas, señalamientos, humillación, despojo y miseria por parte de empresas que si bien tienen diferentes nombres y provienen de diversos países tienen en común el representar a las potencias colonialistas que ven a países como el nuestro, una despensa de recursos que nuestro gobierno, el que esté de turno, les concede sin mayor reparo.

Al escuchar los relatos de las infamias recibidas resultaba inevitable el comparar las estrategias utilizadas en cada caso para obtener la anuencia, el respaldo y la simpatía de los pobladores; todas estas empresas echan mano del mismo paquete de engaños (desde la seducción, pasando por el soborno, la compra de conciencias y voluntades hasta llegar a la coacción y la amenaza) para vender ilusiones a la comunidad y así poder allanar su camino de arrasamiento.

El acto de instalación del evento fue breve y sobrio. Se presentaron los objetivos, la metodología de trabajo y un acto cultural que consistió en la declamación de unos poemas de resistencia de Rogelio Ustate, poeta popular de Barrancas, y unos bailes representativos de la región que efectuaron niñas y niños wayuu. Después de esto se invitó a que los participantes en la expedición que se iniciaría al día siguiente, se presentaran. Los expedicionarios eran tanto nacionales como extranjeros.

El objetivo principal de la expedición podría resumirse en que personas de otras regiones y otras latitudes a través de un recorrido por parte del cauce y la cuenca del río Ranchería  así como de parte del territorio, pudieran observar y documentar directamente la contaminación y el deterioro tanto del ecosistema como de la calidad de vida de los pobladores de la zona y se sumaran a las voces que dicen NO al proyecto que tiene la empresa de desviar el río 26 kilómetros para extraer el carbón que custodia el rio en su lecho. Objetivos que fueron no solo conseguidos sino rebasados pues la expedición nos permitió verificar que efectivamente la dimensión de lo que le ocurre al territorio, a su fauna y flora, y a su gente, con la presencia de este proyecto minero, es enorme; sus consecuencias son devastadoras.

La expedición contemplaba 6 recorridos por diferentes zonas. Nosotros elegimos el que abarcaba caseríos de concentración afro como Chancleta, Patilla, Roche y el asentamiento wayuu de Tamaquito.

Empieza la expedición

El viernes, 17 de agosto después de bañarnos, desayunar y arreglar el morral, nos reunieron los coordinadores de nuestro grupo, uno de los cuales, Rogelio, nos obsequió a cada uno de los integrantes una totuma en la que estaban grabadas frases como Memoria y Reflexión, El Cerrejón miente, El río Ranchería es la sangre de la Guajira. Esta totuma, utensilio bastante común en las cocinas, nos sirvió mucho durante toda la estadía para recibir las bebidas que por causa del sofocante calor hay que estar ingiriendo. Los coordinadores nuestros fueron Rogelio, más conocido como el poeta, un hombre afro bastante locuaz y festivo, y Yalenis (Yale) una mujer fuerte y de palabra clara. Como apoyo nos acompañaba Roberto –miembro de la comunidad afro de Roche- y Jairo- el gobernador de los wayuu del asentamiento de Tamaquito. Además nos acompañaron tres voluntarios de la Defensa Civil.

El grupo estaba listo y ansioso por partir así que tomamos camino en dos vehículos para arribar a Puerto Arturo. Allí nos apeamos y sacamos lo necesario para nuestro recorrido por el rio, lo demás quedó guardado en los carros que luego nos recogerían para llevarnos al lugar donde pernoctaríamos. Al inicio del recorrido lo primero que encontramos fue a un vigilante del Cerrejón quien nos inquirió sobre quiénes éramos y lo que pretendíamos, de allí en adelante protegidos por la vegetación y a la sombra de nuestras miradas, sentimos su presencia todo el tiempo; en el recorrido no dejamos de sentirnos vigilados permanentemente, inclusive alguno de nosotros se percató de que fuimos objeto de algunas fotos por parte de ellos.

El primero en meterse al río fue el poeta, el agua le llagaba hasta la cintura así que nos dimos rápidamente cuenta que tendríamos que mojarnos casi que por completo pues aunque nos aseguraron que en todo el trayecto el rio podía ser caminado, era obvio que no se trataba de una superficie uniforme así que como muchos de nosotros llevábamos celulares, cámaras y grabadoras, había un alto riesgo de mojarlos por lo que decidimos dividir el grupo en dos, unos irían bordeando el rio por la vegetación y otros iríamos por el rio, dispuestos a mojarnos por completo.

Muy pronto a nuestro paso empezamos a ver trozos de diversos tamaños de carbón, desde el minúsculo polvillo que se cuela por todas partes y forma unas vetas negras sobre la arena del río, hasta trozos muy grandes, situación que continuó durante todo el trayecto; además vimos caracoles comestibles muertos que según nuestro guía era una especie bastante sensible a la contaminación, lo que representaba una evidencia de ella en el río. El recorrido de esta jornada (aproximadamente 20 kilómetros) lo hicimos por momentos caminando y otro tanto dejándonos simplemente arrastrar por la corriente, eso sí nunca el agua nos cubrió por completo. En la medida que avanzábamos en el recorrido el poeta iba ilustrándonos sobre los nombres de los árboles y plantas que estaban al alcance de nuestra vista, nos comentaba también sus propiedades medicinales y usos tradicionales que los pobladores le daban.

Fue así como a la orilla del rio vimos muchos árboles frutales como guáimaro, guama, mamón, cotoprix, joba, pastelillos, maíz cocio, coa; también observamos algarrobos en gran cantidad, caracolíes, guayacanes, ollita de mono, guacamayos, orejeros, corazón fino, mamón de leche, piñón de maco, ceibas, morito y el misterioso laurel. Vimos también gran cantidad de arbustos y bejucos como el bejuco de agua o bejuco blanco, el cual bota un líquido cristalino que se utiliza como colirio para la vista y puede también beberse para calmar la sed; lechoncito, bajagua, melero, caña agria, bejuco de cadena, algodón chino, saca la estaca, sonconcito, verdolaga, bejuco de clavo, araña gato, jovito, guácimo, guayacán chaparro. Todas estas plantas, arbustos y bejucos son medicinales y utilizados ancestralmente por las comunidades afro asentadas a orillas del rio Ranchería.

Tuvimos la oportunidad de ver una manada de monos aulladores, los cuales nos dieron, por un buen rato, el maravilloso espectáculo de observarlos, mientras que el poeta nos comentaba que antes se veían muchas más manadas y que ahora eran más bien escasas.

En el trayecto era imposible no pensar en que toda esa exuberancia, esa variedad de vegetación, ese tiempo concentrado en esos enormes árboles ya maduros que nos regalaban una sombra siempre apreciada en medio de un calor abrasador, serían arrasadas para dar paso a la maquinaria que hurgaría sin compasión las entrañas del río en busca del preciado mineral. Pensaba también frente al “remedio” que ofrece la empresa de compensar esta pérdida por medio de reforestación en otro, en la diferencia tan grande que existe entre trasladar un objeto, por grande que sea, y “trasladar” la vida, por microscópica que sea. La diferencia es sencillamente la extinción de esta última. Desviar el río significa efectivamente, traer la muerte.

Cuando ya estábamos cerca de nuestro destino, Chancleta, nos salimos del rio y alcanzamos tierra firme con ayuda de unas raíces que nos sirvieron de cordaje. Una vez lo logramos nos encontramos a boca de jarro con algo que inicialmente me causó confusión, una ramada en la que una mujer, doña Antonia, preparaba comida. Después de saludar y echar un vistazo al paisaje pude entender que el chinchorro que estaba a un lado, un pisco que nos miraba mientras se alejaba un poco y otra ramada un poco más al fondo era “el sito de habitación” de una finca.  Acostumbrada, o debiera decir amaestrada, como estoy a los espacios cerrados, a las delimitaciones precisas y a los muros, encontrarme con este espacio abierto sin barreras físicas pero que constituía “una casa”, me desconcertó. Esta sensación de expansión, de liviandad, de carencia fue acrecentándose en la medida que avanzó la expedición. Doña Antonia, a quien parecía no faltarle nada para ser feliz, con toda la amabilidad del mundo nos brindó un sabroso tinto y nos indicó el camino para llegar a nuestro destino.

Emprendimos la caminata por entre el medio del campo. Seguimos como nos fue indicado un sendero plano, seco y lleno de árboles y de plantas que nos fueron presentadas en la medida que se aparecían a nuestros ávidos ojos: ají cimarrón, higueretos, ébanos, pringamoza, algarrobos, trupillo, anamú…, también vimos algunas reses flacas. El poeta nos dijo que el ganado ahora se moría de hambre no solo porque estaba escaseando el pasto sino porque el que había estaba contaminado del omnipresente polvillo de carbón que se mete hasta en los pensamientos. A pesar del sol déspota que nos acompañaba, el trayecto se hizo muy agradable no solo por el paisaje sino por la infatigable voluntad de nuestro guía de enseñarnos todo lo que encontrábamos a nuestro paso. A las 12:40 en punto sentimos la explosión que cada día a la misma hora, los lugareños escuchan, ruido que junto con el constante ir y venir de los pesados carros del Cerrejón son parte ya de la cotidianidad de la gente. Para algunos no sólo el ruido hace ya parte del paisaje sino la gigante polvareda que se levanta por causa de la explosión, así nos lo comentaron pobladores de Las Casitas, caserío adscrito al municipio de Barrancas.

Terminamos de atravesar el campo y llegamos a un camino ancho- la mayoría de caminos es bastantes ancho-. Al lado derecho estaba lo que quedaba de Patilla, un caserío en ruinas, desolado, clara evidencia del paso del Cerrejón por él. Allí, ya cansados, tomamos el camino de la derecha que nos conduciría a Chancleta. En el camino encontramos ruinas de una construcción que había sido una tienda y que aún conservaba de modo legible un cartel que ostentaba todavía su nombre, “El progreso”.  Allí buscamos un poco de sombra para burlar un poco el sol que sin ninguna compasión nos golpeaba con fuerza. Acordamos esperar al otro grupo que estaba en Patilla pero ante la demora y la fatiga que ya nos iba ganando, algunos de nosotros decidimos continuar el camino a Chancleta que estaba realmente cerca –menos de un kilómetro-. Cuando estábamos a punto de llegar nos pasó uno de los carros que nos había transportado hasta nuestro sitio de salida y que ahora llevaba a los compañeros que habíamos estado esperando. El carro los llevó a Chancleta y se devolvió por nosotros, así llegamos a nuestro sitio de descanso y el lugar en el que pernoctaríamos por dos noches, la casa de Wilman Palmesano y Mavis Rodriguez.

Reunidos en la primera habitación de la casa de nuestros anfitriones, un sitio espacioso y fresco cuyas paredes están hechas de cactus seco y después de un sabroso almuerzo tuvimos una interesante charla con el poeta y Wilman quienes nos ampliaron el panorama no sólo del medio ambiente en que nos encontrábamos sino también la manera como el Cerrejón destruía su vida social y cultural. El conocimiento del poeta sobre la fauna y la flora, y la denuncia contundente y llena de dolor que Wilman contó sobre lo que padecía la comunidad, nos fue llevando cada vez más a entender la dimensión del impacto de la empresa sobre la vida de los pobladores de esta parte de la Guajira. Un detalle que desde el comienzo hasta el final de nuestra estadía en Chancleta resultó constante, fue la amabilidad, la generosidad, la hospitalidad y el cariño de Wilman, Mavis, Heider y en general de toda la familia: Ignacio –nacho-, Mireya.

Casa de Wilman y Mavis
Después de esa sobremesa nos dispusimos a ir al rio a bañarnos, así a las 4.15 nos encaminamos al rio que queda a unos pocos metros del caserío. Allí ahora reunido todo el grupo, nos bañamos en medio de la alegría y la algarabía nuestra, de los niños de la casa y de nuestros coordinadores y acompañantes. Hubo tiempo para fotografías, para más conversaciones y por supuesto, para sentirnos más integrados.

Chancleta es un caserío en el que, en palabras de Wliman, viven por la gracia de Dios, 67 familias, alrededor de 280 personas, en su totalidad campesinos afro dedicados a la agricultura (plátano, guineo, yuca, patilla, frijol) y la ganadería (ovejos, cabras, ganado). Muchos de ellos crían cerdos y gallinas. Su territorio abarca 14 hectáreas de tierra poco fértil en el que las personas, los animales y las plantas le arañan lo que pueden a la tierra para sobrevivir. La pesca, cuando hay se hace para el consumo.

El caserío tiene energía gratuita, desde el año 90, que les provee el municipio de Barrancas, al cual pertenece, por ello no es extraño que el ambiente esté normalmente ambientado por el sonido del vallenato, el ruido de las lavadoras, de algunas neveras y por las voces e imágenes que les llega a sus televisores. El agua, es el verdadero problema. Toda el agua que la gente consume proviene o del rio porque la sacan de allí o de un carrotanque que pasa 3 veces por semana con agua que provee el municipio y que paga el Cerrejón, la cual es almacenada en tanques con la marca de la Empresa, que se hace visible en toda oportunidad que tiene como una manera de recordar que su omnipotente presencia en la vida de los pobladores, o como una manera de recordar que el Cerrejón es el dueño de la mayor parte del territorio y pronto lo será de todo. Su presencia en vallas, carteles y en todo lo que se pueda ubicar es para la mayor parte de la población algo así como la marca del diablo. De esa agua se reparten 200 litros a cada familia.

La gente de Chancleta es amable, abierta, desprevenida, amigable, tranquila, pero sobre todo, pobre; allí se vive al límite, al día y al asecho por la amenaza constante de una reubicación que no compensa para nada la pérdida a la que se verán sometidos por la empresa, excepto 10 familias que no clasifican para ello de acuerdo al censo hecho por Antioquia Presente bajo las órdenes del Cerrejón, familias que deberán contentarse con el dinero que se les dé por el valor de su predio, que como se podrá imaginar, debe ser muy poco.

La reubicación es necesaria para la empresa por cuanto necesita la tierra en que vive esta población, como antes la que pertenecía a las comunidades de El Espinal, Palmarito, Tabaco, Patilla y Roche, para expandir su minería. Recordemos que la empresa que usurpó su nombre del cerro Cerrejón, que hoy se divisa a medias desde algunos lugares porque ha sido tapado por una montaña artificial “hecha” por ella misma como un mecanismo de reforestación y compensación por la cantidad de árboles y vegetación que ha arrasado en su objetivo de arrancarle a esta tierra todo el carbón posible, es una multinacional con capitales por partes iguales de la BHP Billinton de Australia y Gran Bretaña, la Anglo América de Gran Bretaña y África del Sur y la Xstrata de Suiza.

En el año 2007 Antioquia Presente por encargo del Cerrejón realizó un censo de población e inventario de activos de Patilla y Chancleta, con el fin de determinar entre otras cosas, el valor de los predios y las posesiones de los pobladores así como su procedencia y tiempo de residencia en el territorio, de allí, es que en Chancleta de las 67 familias existentes, 10 no resultaron reubicables, es decir, no están contempladas dentro del programa de vivienda que la empresa ofrece en Barrancas para quienes negocien con ellos. De esta manera el Cerrejón, ha dividido a la población entre los “afortunados” que pueden negociar y reubicarse, y los que no. Cuentan las mujeres de Chancleta que cuando va por ejemplo el Bienestar Familiar a realizar programas de atención a los niños, esta institución, que es del Estado pero trabaja al servicio del Cerrejón, como la mayoría de ellas, no atiende a los niños de los no reubicables, los deja por fuera en un claro acto de discriminación y servicio a los intereses de la empresa. 

Las casas construidas en su mayoría en barro, con piso de tierra y cercadas por unas hileras de cactus, ofrecen un panorama exótico para nosotros. Allí el polvo y el calor se ven compensados con un agradable y refrescante viento que acaricia suavemente. El caserío se despliega sin orden aparente, una casa mira a la otra desde una distancia que permite sentirse amplio, extendido pero acompañado. Esto contrasta con lo abigarrado, apretado, asfixiante del espacio reducido de las ciudades en que nosotros vivimos. Aquí uno puede experimentar una sensación de libertad diferente. Todo este paisaje sería muy bello a pesar de las condiciones precarias en que vive la gente sino fuera por la basura que mancha los caminos, esa misma basura que encontramos en las avenidas de las grandes ciudades en donde al menos existe un sistema de recolección público, lo que no en estos espacios. Aquí la basura se mezcla con los animales que deambulan por el caserío en busca de alimento, evidencia del abandono a la que estas comunidades se encuentran sometidas por parte de los gobiernos locales y centrales.

Ya en la tarde y cuando habíamos comido suficientemente, llegó un pastor pentecostal a llevarnos la palabra de Dios pues Wilman y Vanis son adeptos de esta religión. Después del sermón, que duró poco, empezamos la socialización de las experiencias de este primer día de recorrido. Cada uno de nosotros dio entonces cuenta de lo que percibió en la jornada. A las 9:00 p.m. terminamos con esta tarea, unos los más cansados entre ellos yo que ya tenía acumulado el dolor de mi pierna la cual me había lesionado en la mañana, nos retiramos a dormir, los demás se quedaron conversando o fueron a la tienda de Ramiro donde se conseguía cerveza.

Nuestro segundo recorrido

Sábado, 18 de agosto. La jornada consistía en un recorrido hasta Roche, un caserío fantasma en el que quedan 8 familias de 200 que inicialmente había. Roche era el corregimiento más grande que había en la región pero la empresa poco a poco lo había ido desmantelando hasta reducirlo a lo que hoy encontrábamos, unas pocas casas en pie y un cementerio alimentado por las flores que los deudos dejan en las lápidas y que requiere ser trasladado de allí, traslado que implica el dolor de un segundo duelo.

A este recorrido de 20 kilómetros que también se hizo por el río, no pude asistir porque la lesión de mi pierna había empeorado y lo mejor era quedarme para guardar reposo. Pensé en aprovechar el tiempo hablando con la gente, conociendo desde sus experiencias lo que significaba para ellos la empresa. Así, en reposo, pude compartir con los niños un poco de su vida y recorrer con ellos parte de su territorio a través de las imágenes de un manual de fauna en peligro de extinción que había llegado a mis manos por intermedio de Wilman. Los niños me rodearon y juntos empezamos a leer los nombres de los animales, algunos de los cuales ellos reconocían antes de leerlos porque los identificaban fácilmente puesto que hacían parte de su cotidianidad. Ellos se veían contentos y concentrados en el reconocimiento que estábamos haciendo.

Más tarde llegó José María Ojeda, un poblador de Chancleta con quien tuve la oportunidad de hablar sobre su experiencia personal en este proceso de negociación con el Cerrejón. Me ratificó muchas historias que ya había escuchado y me confirmó la desgracia que para ellos había significado la entrada de la mina.

Al medio día, después de almorzar un vehículo de los que nos estaba transportando nos llevó a Roche a Gustav, un periodista sueco, y a mí. Allí estaban todavía algunos de nuestros compañeros de expedición, visitando el cementerio.

Desde Roche se podía llegar a Tabaco, pueblo que fue borrado del mapa el 9 de Agosto del 2001. La historia del pueblo y de los sucesos de ese fatídico día los recuerda con dolor el poeta, quien vivía precisamente allí.

Tabaco era un pueblo ancestral, compuesto por 417 familias afro dedicadas a la producción agrícola, pecuaria, pesca y caza. Cuenta el poeta que desde la infeliz llegada de la empresa Intercor, subsidiaria de la multinacional exxon (hoy Cerrejón), sus pobladores se vieron sumergidos en la extrema pobreza; paulatinamente la multinacional les fue arrebatando sus tierras las cuales les garantizaban no solo una seguridad alimentaria estable y adecuada para su sostenimiento, sino que también les proporcionaba productos para comercializar con los pueblos circunvecinos. De este modo, afirma el poeta, después de ser productores lamentablemente ahora somos consumidores y con un tejido social fragmentado, ya que la naturaleza del cerrejón y otras multinacionales, es romper dinámicas sociales y culturales vitales para la pervivencia de las comunidades étnicas.

Después del empobrecimiento vino la catástrofe final. No quisiera recordar ese fatídico día a las 10:30 a.m. –continúa el poeta- cuando la comunidad vio morir de forma violenta el último grito de su lucha, atado a la sonriente cuchilla de un monstruoso buldócer, envistiendo sin piedad a las indefensas entrañas de las humildes viviendas. Estos criminales hechos se presentaron luego que los empresarios en conjunto con el estado colombiano, desarrollaran su sucia estrategia de estrangulamiento, con el fin de obligar a sus habitantes a dejar sus casas, animales, cultivos y todo lo que formó parte de sus proyectos de vida, para darle paso a la gran minería.

Hoy, 11 años después, los pobladores de lo que una vez fue Tabaco, siguen esperando que el municipio de Hatonuevo les construya un plan de vivienda a la que está obligado gracias a una tutela que en el 2002 determinó un plazo de 48 horas para que el municipio iniciara los trámites correspondientes para materializar las soluciones efectivas a favor de los miembros de la comunidad de Tabaco.

En lo que quedaba de la tarde aprovechamos para hablar con el gobernador de Tamaquito, quien nos contó a su vez que la destrucción de Tabaco, gracias a los eficientes esfuerzos de la fuerza pública en favor del Cerrejón, había significado para su asentamiento un duro golpe por cuanto con esta comunidad tenían lazos muy fuertes: la escuela en Tabaco era a la que asistían los niños del asentamiento, asimismo el puesto de salud les auxiliaba cuando su medicina tradicional no los curaba; buena parte del empleo de los integrantes de la comunidad, se encontraba allí; el intercambio de productos entre ambas comunidades que era fluido, se acabó; la pesca y la caza se les redujo en la medida que su territorio fue siendo cercado por los predios de la compañía; en cierta manera Tamaquito quedó encarcelado o más bien cercado por los terrenos que el Cerrejón iba adquiriendo; la comunidad se vio sometida a una especie de asfixia que terminó por obligar a su reasentamiento, proceso en el cual están trabajando.

La tarde pasó muy a prisa, sobre todo para mí que por causa de la lesión de la pierna fui llevada a un centro médico en Hatonuevo, un pueblo cercano al caserío. Cuando regresamos a Chancleta recibí el auxilio de Wilman y el gobernador de Tamaquito quienes con todo el afecto del mundo me prepararon un emplasto de achiote que serviría para mermar mi inflamación. Una vez realizada nuevamente la socialización de la jornada algunos nos acostamos y otros se quedaron charlando y tomando chirrinchi, bebida embriagante a base de panela cuya preparación dura de 8 a 10 días, dependiendo la calidad de la panela.

Nuestro último día en Chancleta

El domingo 19 a las 8:20 salimos para nuestro último destino, asentamiento de Tamaquito (aún no han logrado su reconocimiento como resguardo), en un recorrido de aproximadamente 20 kilómetros. A Tamaquito se accede por la misma vía de Roche pasando por la entrada que llevaba a Tabaco. En el trayecto pasamos varias quebradas, la Chercha, Cañaboba. En este paso la vegetación empieza a cambiar, ya es mucho más densa, fértil, fresca que la de Chancleta. Después encontramos la Cortadera, la cual atravesamos dos veces, la siguiente fue Zumbador desde donde se abre paso un camino que lleva a Venezuela y empieza el asentamiento como tal. Llegamos a nuestro destino después de un trayecto de más o menos 40 minutos por una carretera amplia pero en muy mal estado, inimaginable en invierno.

Asentamiento Tamaquito
Tamaquito ofrece como primera impresión un remanso de tranquilidad y vida, aquí el sol y el viento se hallan como en casa, hay árboles robustos y generosos con su sombra desplegados por todo el lugar, el sitio destinado a la socialización de la comunidad es limpio y amplio. Apenas bajamos del auto se acercó una de las autoridades indígenas y fuimos presentados por Jairo. Quien nos recibió dijo su nombre y yo apresurada por consignarlo en mi libreta le pedí el favor que lo repitiera. Esto provocó un regaño pues enseguida se me informó que tenía que tener permiso de las autoridades para escribir. Ya Jairo nos había advertido acerca de no tomar fotos hasta que no nos dieran la orden pero no nos dijo nada sobre escribir. Bueno, yo me disculpé y me sentí muy apenada pues no quería para nada, molestar o irrespetar la comunidad. Después de una breve espera nos invitaron a sentarnos en unas sillas que se habían ubicado en forma de medio círculo en el lugar que nos iban a presentar parte de sus costumbres y juegos. Allí estaba reunida la comunidad la cual se integró con nosotros en un ambiente bastante relajado. Jairo presentó a todos las autoridades indígenas y solicitó en voz alta y en wayuu naiki, el permiso para tomar fotos, videos y todo tipo de registros. Las autoridades accedieron y se dio comienzo al evento de recepción que nos tenían preparado. Allí al tiempo que observábamos los ejercicios que se hacían, pudimos conversar con las personas de la comunidad que estaban junto a nosotros. Yuri, una wayuu artesana quien más tarde sería nuestra guía por el asentamiento, fue desde el comienzo muy amable y abierta.

La presentación incluyó varios juegos, entre ellos una demostración de lucha, ejercicios con trompos grandes, lanzamiento de flechas y danzas similares a las que habíamos ya presenciado, además de una demostración de ejecución de instrumentos musicales. Todo esto transcurrió en medio de un ambiente alegre y festivo. Fuimos también obsequiados con una refrescante chicha y atendidos por toda la comunidad de manera bastante amistosa.

Antes de dejar esta comunidad en la que la palabra es sagrada, da respeto y se cumple; en la que los espíritus se manifiestan a través de los sueños y son interpretados por la ouusut, la anciana médica tradicional; y los colores que los representan son el azul (el color del agua) y el amarillo (el color del sol), Yuri nos mostró varios sitios. Transitando por el camino de los espíritus (bordeado por piedras azules y amarillas) nos dirigimos hacia el manantial cristalino de su territorio. En el trayecto pudimos ver las dos escuelas para la educación de los niños; la casa de las mujeres artesanas en la que se reúnen a tejer sus bolsos, manillas y mantas; un galpón de pollos y el matadero de estas aves; el telar donde se fabrican los chinchorros; y finalmente los 3 ojos de agua que con esmero cuida la comunidad. Allí nos despedimos de Yuri y continuamos con la guía del gobernador. Antes de abandonar el asentamiento Jairo nos mostró el vivero en el que tienen ceibas, caracolíes, robles, plantas medicinales como algarrobo, quina…; también nos enseñó el pozo artesanal de 14 metros de profundidad para la recolección del agua. En su voz y en la de Yuri se percibía la nostalgia pues todo aquello de lo que se sentían tan orgullosos y que con tanto esfuerzo habían levantado, pronto sería arrasado por la empresa, de todo ello no quedaría más que el recuerdo en sus vidas y ahora en las nuestras.

Tanto en el trayecto de ida como de regreso tuvimos la oportunidad de ver árboles muy altos y de gran abarcadura, árboles y vegetación abundante que una vez se produzca el reasentamiento de la comunidad, también serán borrados por la empresa que de modo “responsable y compensatorio”, continuará con su política de reforestación, lavando así la vergüenza de la destrucción que a su paso genera. Ya al final del recorrido tuvimos la oportunidad de ver perfectamente cantidad de árboles secos, marchitos, agónicos, presos de una muerte lenta a la que los ha condenado el Cerrejón a través de una práctica solapada: muy cerca de la raíz de los árboles se les hace un corte que abarca todo su perímetro y sobre él se les echa aceite quemado lo cual impide que la savia alimente el tronco y las ramas, ocasionándoles una así muerte lenta. De este modo el Cerrejón va sembrando desolación a su paso. Los compañeros también nos habían contado en la socialización del día anterior, que en el recorrido de Chancleta a Roche por el rio Ranchería, habían observado que muchos árboles de algarrobo se les había hecho lo mismo.

Una vez en Chancleta, almorzamos y nos pusimos en marcha hacia nuestro sitio de llegada, el resguardo de Provincial. Parte de nuestro afecto y muchos recuerdos quedaron apresados en su territorio, en los rostros de los niños, en las hileras de cactus que custodian la casa de quienes fueron nuestros anfitriones y más que eso, nuestros compañeros.

Una vez en Provincial nos reunimos todos los integrantes de nuestro recorrido, en compañía de los coordinadores y guías. Fue el último ejercicio de socialización en el que teníamos como tarea afinar todo el trabajo de relatoría realizado de manera ágil e inteligente por uno de nuestros compañeros, para ser presentado en la noche. Este tal vez fue el momento más importante para nosotros puesto que el trabajo realizado en las jornadas previas tomó consistencia y volumen; el ejercicio exploratorio realizado daba sus frutos; la contaminación del medio ambiente, la destrucción de los recursos naturales, el desmantelamiento de las comunidades, la miseria y el dolor de la gente la habíamos podido respirar y palpar. Fue este también el momento en que pudimos hacer un reconocimiento a la tenacidad y el gran calibre de los líderes indígenas y afros que con valentía y a pesar de las intimidaciones, persisten en la defensa de sus derechos, en la defensa de su territorio, en la defensa de sus costumbres.

En la noche cada grupo presentó el resumen de su relatoría, de esta manera pudimos intercambiar las experiencias vividas en los recorridos que se hicieron. El intercambio fue muy enriquecedor, fue este un momento bastante importante por cuanto se logró sintetizar todo lo que durante la expedición se vivió.

El cierre

El último de nuestros días en Provincial fue el lunes 20, día en el que a partir de las 9:15 se realizó el acto de cierre de la expedición. En él Adelaida, una mujer wayuu, en un ritual que dio comienzo al evento sintetizó en una frase lo que siente, vive y piensa la comunidad, la tierra es el sustento de la vida para nosotros; también manifestó que para los pueblos indígenas la piedra es vida, la piedra es el símbolo de la resistencia y por eso los baños sagrados se hacen sentados sobre piedra.

Después de este acto inicial se efectuó un reconocimiento a las personas que han liderado la lucha por la defensa del territorio, después de lo cual cada una de las comisiones presentó su informe y finalmente, las conclusiones no sin que antes se hicieran unos compromisos de acciones concretas en defensa de la vida del rio.

Acabada la ceremonia y tomado el almuerzo llegó la hora de la despedida, momento cargado de afecto mutuo en el que los abrazos más que las palabras se encargaron de expresar los sentimientos que nos atravesaban.

Muchas experiencias quedan en el recuerdo, muchos afectos se tejieron, mucho dolor guajiro cargamos en nuestra sangre, muchas lecciones aprendidas de los campesinos afros y wayuu, pero para mí, tal vez la más indeleble de todas ellas es la de la dignidad y determinación de quienes sin tener nada desafían a quienes lo tienen todo. Para la lucha del pueblo guajiro todo mi respeto y admiración, toda nuestra solidaridad y apoyo.

Las voces de la comunidad

Cuando la minería llega a un pueblo le cortan la posibilidad de vivir dignamente.

Se lucha por la reubicación pero no en la forma en que se ha hecho.

Los habitantes que no somos reubicables somos unos NN para ellos (los del Cerrejón). No nos dan trabajo.

Sobre El Cerrejón. Wilman Palmesano (Presidente de la Junta de Acción Comunal de la Comunidad de Chancleta): 

Ellos (el Cerrejón) fueron arrinconándonos y llevándonos poco a poco al punto que ellos querían, era que uno tuviera la necesidad, que uno tuviera hambre para poder negociar con hambre, para que cuando ellos nos ofrecieran una miseria por lo nuestro, tener si es posible el fogón apagado, las ollas boca abajo y los hijos llorando. Ese el punto exacto a donde ellos nos quieran llevar y le conviene, porque con una situación de esas cualquiera acepta.

Frente al proceso de negociación de tierras de los campesinos: Yo todavía no he escuchado a alguien que haya sido desplazado que haya dicho que está bien.

Simeon Soto (Autoridad Tradicional, resguardo Provincial). Frente a la necesidad de unión para resistir la lucha: Las hormigas son más unidas que nosotros. 

Emiro Guariyu (Líder y consejero del resguardo Provincial). Frente al proyecto de desviación del rio y las comunidades perjudicadas por ello:

El problema no es solo de las comunidades ribereñas sino de toda la comunidad guajira

La Guajira es un solo pueblo, es un solo territorio

Rogelio Ustate (el poeta): Dejando lastimadas, no solo a las comunidades asentadas a orillas de nuestro brillante icono, sino al resto de la quebrantada península. 

Compañeros, tenemos que pararnos en raya, aquí los pobres somos más y los perjudicados somos todos.

Frente al Cerrejón. Rosario Epiayu (mujer wayuu): El Cerrejón ha venido con mentiras y engaños, dividió la comunidad y hasta las familias 

Luis Arturo: El Cerrejón es un elefante y uno es una hormiguita para ellos

Las voces del Cerrejón

“Vale más el cuero que el tigre”. Edgar Sarmiento, funcionario del Cerrejón, respondió así cuando José María Ojeda le preguntó por qué no les daban a los trabajadores que a pico y pala arreglan las vías o limpian el terreno y potreros a machete, elementos de seguridad como guantes, gafas, vestido..)

Cerrejón, Carbón para el Mundo, Progreso para Colombia

Cerrejón, minería responsable

Sobre el tema de la desviación del rio. Roberto Junguito (presidente de Cerrejón): Nosotros no hemos presentado un proyecto que indique que el rio Ranchería podría ser desviado, por eso no vale la pena hacer mucha polémica sobre el tema.

Fundación Cerrejón, sembrando futuro



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IMÁGENES
  • Expedición al Río Ranchería

    Miércoles 17 de Octubre, 2012
    • Niña Tamaquito

      Niña Tamaquito

    • Sesión

      Sesión

    • Rogelio, el poeta

      Rogelio, el poeta

    • Caminos

      Caminos

    • Escombrera del Cerrejón

      Escombrera del Cerrejón

    • Asentamiento Tamaquito

      Asentamiento Tamaquito

    • Casa Wilman

      Casa Wilman


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