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Entre la tradición y la confesión (Diálogo con Juan Felipe Robledo).
Martes 10 de Septiembre, 2013


Entre la tradición y la confesión (Diálogo con Juan Felipe Robledo).



“Escribo mi poesía, si,  la escribo, para que en el inexpresivo resplandor del arte, resplandezca el mortal incendio de la vida”



Medellín, 1968. Estudió la carrera y la maestría de Literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá de  donde es profesor. Ganó el premio internacional de poesía Jaime Sabines en 1999, con De mañana. Obtuvo el premio nacional de poesía del Ministerio de Cultura de Colombia en 2001 con La música de las horas. El don de la renuncia (2010). Han aparecido seis antologías de su poesía:Nos debemos al alba (2002), Calma después de la tormenta (2002), Luz en lo alto (2006),Dibujando un mapa en la noche (2008), Aquí brilla, es extraño, la luz de nuevo (2009),Poemas ilustrados (2010).

 

A Juan Felipe tuve la suerte de poder esperarlo en el aeropuerto a su llegada a Pereira. Desde que atravesó  la puerta de salida, su calidez y amabilidad predijeron una charla sencilla pero profunda, amigable pero precisa, es un hombre de una generosidad y don de la palabra propia de su tierra, de su ancestral pasado antioqueño.

De ida al hotel, tuvimos que regresar al aeropuerto, pues habíamos dejado a Satizabal esperando por las maletas en la sala de abordaje. Juan no vio problema en tener que hacer el retorno y al contrario se mostró preocupado por el insuceso. Regresamos, encontramos a un hombre grande, de sombrero verde y mochila, esperando a la salida del Matecaña. Esto propicio, una charla previa, que sirvió de calistenia para nuestro dialogo más reposado del día siguiente.

Entendí que una entrevista no empieza al momento de activar el interrogatorio previsto con las preguntas anotadas en una libreta.  De hecho, jamás me base en una sola nota tomada con anterioridad, esta empieza, quizá, cuando la ocasión menos pensada, propone el tema y allí el leitmotiv del entrevistador se encuentra con el asunto adecuado.

La charla que acordamos en la mañana del viernes, le cayó como anillo al dedo a Juan Felipe, le propuse que hiciéramos una charla contrastiva entre su formación como literato en el Siglo de oro y la poesía española, y su poesía renovadora, sobre como era su dialogo con la tradición y su construcción como escritor desde esa tradición no solo ibérica, sino también antioqueña, pues su abuelo materno el reconocido escritor Argos, influyo indudablemente en su formación.


M. R. Sé que eres experto en el siglo de oro español, y por supuesto, también sé, que su estudio enmarañado y difícil supone una formación intelectual amplia. Sin embargo, ¿cómo logras superar esa influencia en tu poesía, y construir una poesía confesional, testimonial resistiendo de algún modo a que eso influya en tu escritura?

J. F. Pablo Neruda decía en alguna parte, que él esperaba que lo libraran de inventar cuando cantaba. Yo siempre he sentido que en la poesía, debe haber un vínculo con la confesión, con la experiencia directa, con el pulso de un tiempo, el pulso del tiempo que me tocó vivir, y espero yo, que en mis poemas este vivo ese tiempo, esos alambrados, esa iluminación, esas músicas, esa palpitación de este mundo. Pero simultáneamente, creo que la poesía da cuenta de un ritmo interior, de un rio subterráneo que alimenta todas las épocas; y de alguna manera, el que yo sea profesor de literaturas clásicas, como  también de los autores de la llamada generación del 98 y los poetas del 27, no contradice, digamos, esa vinculación con la experiencia más directa y más arraigada de nuestro tiempo.Porque lo que  hay fundamentalmente en la poesía es un ritmo, es una manera de percibir al lenguaje como una capacidad de cantar; la poesía creo yo, fundamentalmente, aspira a  la música, una de sus preocupaciones fundamentales es querer ser música, y en esa medida la poesía da cuenta de un ritmo, de una tensión, de una manera de disponer el poema como si fuera una partitura musical, y desde esta visión, creo yo que, dentro de esa visión mía, que pretende dar cuenta de mi época, de mis angustias, de mi dolor de mi alegría, de aquello que me hermana con los otros que viven en la época que yo vivo, también esta simultáneamente un tono, un ritmo, una, tensión, una armonía, que de alguna manera, en algunos casos, responde a esas armonías que vienen del itálico modo, de Garcilaso de la Vega, de un Quevedo, de una sintaxis en muchos casos difícil y enmarañada, de ese delirio metafórico de Luis de Gongora; sin que yo en muchos casos me dé cuenta.Lo que sucede maravillosamente en la poesía, es que lo que intenta hacer el poeta, no resulta siendo controlado de manera directa. En algún momento, Jacques Lacan, el psicoanalista, decía que los poetas que, no saben lo que dicen, siempre dicen como es sabido, las cosas antes que los demás; los poetas no siempre saben lo que están diciendo de una manera consciente y controlada, hay como una voz que habla debajo de ellos, como un eco, una corriente que les está hablando de otra cosa, otra realidad, y esa otra realidad, en muchos casos es la música de la lengua, que heredamos con maravilla de estos autores prodigiosos que son Juan De la Cruz, que son, Garcilaso de la Vega,o Fray Luis de León y que de alguna manera, pueden seguirnos hablando en una época de fragmentación de desastre de ruido, de marginalidad como la nuestra. Creo yo, que la poesía lo que habla es de arriba y abajo, de adentro y afuera, todo el tiempo y lo que hace fundamentalmente la poesía es poner en conexión, mundos en apariencia aislados, fragmentados; habla del sol, pero habla simultáneamente del barro ¿verdad?; todas estas realidades conviven en el poema en esa armonía, en esa pretensión, de hablar con música, de nuestro tiempo, y eso espero yo, de alguna forma, esté presente en los poemas que escribo.

Mientras habla, su estampa se hace más inmensa, sus manos vuelan para explicar sus ideas, y su voz se hace potente, aun cuando una música estridente de salsa y baile, podría impedir que se escuchara. Hago un esfuerzo sobre humano para anteponerme al ajetreo del lobby del hotel y poder concentrarme en sus palabras.

M.R. digo contradicción, no porque sea mi visión personal, sino porque en términos generales, los poetas jóvenes tienen como propósito destruir esa tradición, sin saber que ella es casi que fenotípica en la lengua. ¿En ese sentido, la formación intelectual es fundamental en el oficio del poeta, o es, como declaras en alguna parte, un asunto de sentimiento e inteligencia?

J.F. pues yo creo que las dos cosas nunca se contradecirán, porque yo creo que el sentimiento y la inteligencia se ponen al servicio de que, también de la erudición, y si la erudición puede ser una manera de entender el mundo… en alguna parte, Rosa Navarro Duran, para referirse a la poesía del siglo de Oro habla del arte de la dificultad; a lo que se refiere Rosa Navarro, es al arte de la dificultad, de un lenguaje cifrado, críptico, en el cual la mitología,  la sintaxis latina, la dificultad comprensiva o metafórica, están como en la base de este monumento, que fue la poesía de Gongora o de Quevedo; pero este arte de la dificultad, simultáneamente nos habla de una pasión, de una tensión, hombres como Quevedo o Góngora, no simplemente construían sus arquitecturas metafóricas, con el deseo de apartarse del vulgo, que en muchos casos, lo hacían también, pero por otro lado lo que hacían era aumentar, exaltar la realidad, Pedro Salinas, dice en alguna parte que lo que hace Góngora es exaltar la realidad, como si la realidad le fuera un poquito desvaída en ocasiones, y él quisiera llevarla a una posición todavía mayor, y en esa elevación, produce notables prodigios, imágenes entrelazadas, que son un acento de alguna manera; creo yo que esos elementos ¿verdad?, exaltación del mundo, y simultáneamente elogio de la inteligencia, conviven en el ejercicio de la poesía, o pueden convivir, en el ejercicio de la poesía.

Jamas se me habría ocurrido hablar del poema, como una arquitectura Metafórica. Nos retiramos del Lobby, pues los decibeles de sonido llegaron a un extremo exasperante, y subimos a la oficina de prensa, lugar más apartado y propicio, sino para arquitecturas, si para conversar más pausados y dar fin a una charla que quisiera, fuera infinita, pues el tono de voz de Juan Felipe es el de la claridad, el de la luminosidad, sin caer en elogios innecesarios ni más faltaba.

Ya en la oficina de prensa, Juan sentado en simetría a mí, aguarda la pregunta con la cabeza meditativa.

M. R. A partir de tu poema Wild London, construyes una enumeración muy interesante de sucesos que van dando camino al poema, desde un tono, evidentemente confesional, irónico, pero a la vez personal, ¿de acuerdo con lo anteriormente expresado en las dos preguntas, en que consiste ese hilillo delgado entre la confesión y lo poético, y como construyes ese artificio de lenguaje, esa suerte de juguete que puedes manipular?

J.F. no creo que sea un ejercicio totalmente consciente, obedece sin lugar a dudas, por un lado a mis lecturas, a mi formación, a la manera como yo concibo la arquitectura del poema, es decir, si existe un elemento decisivo de puro artilugio, de construcción, de capacidad de conceder estructura, ritmo, tensiones entre los versos, la idea de concebir como una pieza musical el poema (siempre presente este concepto, esta idea inmanente en su fluir verbal- la idea es mía) pero por otro lado, creo yo, que sin ese sustrato, sin ese impulso, sin esa llamarada de la sensación, en mi opinión, el poema no se sostiene, no tiene una verdad interior. El poeta, el gran poeta ruso, Alexander Blok, decía en un momento “Escribo mi poesía, si,  la escribo, para que en el inexpresivo resplandor del arte, resplandezca el mortal incendio de la vida” El mortal incendio de la vida al que nos debemos, nos debemos, en la medida en que es la fuerza, la tensión, que nos afirma en el mundo, que nos pone en contacto con los demás, que nos hace conseguir un sitio entre los otros, pero simultáneamente ese arte es un poco frio, ha conseguido un espacio de distanciamiento,  de precisión lingüística, de arquitectura y de objeto bien logrado. Y ese mortal incendio de la vida, puede vivir en el inexpresivo resplandor del arte; de una manera extraña, en algunos casos no totalmente consciente, pero yo creo, que en la gran poesía, o en la poesía que a mí más me gusta, ese mortal incendio de la vidaestá presente siempre en esas arquitecturas, en esos juegos lógicos formales que constituyen la carnadura verbal del poema.

Es imprescindible hablar con juan Felipe, y no tocar el tema de su genial ancestro ARGOS. Su abuelo materno.

M.R. Tu abuelo, Roberto Cadavid misas, se conoció siempre por su desparpajo y finura para contar la Historia Sagrada, La Mitología griega, y  La Historia de Colombia, ¿en este sentido, y siendo esta una tradición familiar, cercana, como afecta ARGOS tu vocación literaria?

J.F. El me regalaba muchos libros de niño, yo recuerdo mis vacaciones en Medellín, que eran una peregrinación al a librería Continental, que era una gran librería de Medellín donde mi abuelo tenia cuenta abierta; yo salía siempre con unas montañas de Julio Verne, (aquí ríe, pero no como la risa de todas las entrevistas entre paréntesis, la risa de juan es una risa gigante, grande, una risa que no emerge fácilmente, y que tiene mucho de su personalidad tranquila)  y me daba toda la felicidad del mundo, y mi abuelo me decía “escoge los libros que quieras y te los llevas” me los dedicaba, con unas dedicatorias preciosas, muy cariñosas; pero a parte de esos libros que él me regalaba, hay un par de consejos que él me dio.Cuando yo empecé a escribir, yo empecé escribiendo relatos, antes de escribir poemas, y en algún momento me decía, desprosar, despejar, nada de confusión, detestaba el barroco mi abuelo, detestaba la hojarasca verbal, y todo el tiempo, poda, poda, lo que se pueda decir de la manera más sencilla posible dilo verdad, él fue siempre un defensor de la claridad expresiva y del pensamiento, y eso estuvo presente siempre en su lección.

ya presintiendo el fin de la entrevista, hago una pregunta sin ambages, que él responde del mismo modo.

M.R. ¿Un poeta fundamental en las lecturas de Juan Felipe Robledo?

J.F. Jorge Luis Borges

M.R. y ¿Lezama Lima?

J. F. Lo leí bastante, pero cada vez me siento un poco más lejano de él. Lo admiro mucho, me parece un prodigio, hay poemas de Lezama que me han conmovido de una manera fundamental, en algunos poemas incluyo un verso de Lezama, fue una lectura de un momento muy decisiva para mí sí.

 

Lo recuerdo meditativo en las lecturas esperando su turno. Pasa con regularidad sus manos por su cabello castaño, y su mirada se pierde en el vacio, quizá concentrado en la voz de sus colegas de mesa.

M.R. Juan Felipe, en Colombia, empiezan a ser importantes los festivales de poesía, como tribunas de escucha y conocimiento de las nuevas voces de la poesía y la literatura. Están el Festival de poesía de Bogotá, el de Medellín que es una cosa gigantesca, y ahora el de Pereira, que se consolida cada vez mas ¿como ves tu esa dinámica, como solo ir a escuchar poetas, o eso de algún modo educa públicos y transforma?

J.F. Yo creo que las lecturas públicas de poesía son importantes, hay poetas que descreen de la importancia de compartir públicamente sus poemas; yo lo disfruto, creo que el poema tiene una capacidad de conexión con un público, no todos los públicos están dispuestos,  y en ocasiones el poeta tampoco está en la situación de transmitir esa atmosfera, yo creo que los festivales de poesía hacen mucho por las lecturas de poesía, por la difusión de la poesía, y los contactos que establecen terminan produciendo, en muchos casos publicaciones, son un espacio privilegiado para la poesía, y para que el público amante de la poesía, tenga un sitio de encuentro muy importante.

Minutos después, almorzamos juntos con el otro grupo de poetas, sentados de frente seguíamos dialogando de varias cosas, literatura, el clima, la comida,  y riéndonos a carcajada batiente como sabe reír juan Felipe.

Entrevista realizada en el marco del VII festival internacional de poesía Luna de Locos en Pereira.

Entrevista: Miguel Ángel Rubio-  
Licenciado en Español y Literatura Universidad Tecnológica de Pereira.
Fotografías: Juan Estaban Jaramillo. 
Licenciado en comunicación e informática educativa 
Universidad Tecnológica de Pereira
Entrevista: Miguel Ángel Rubio-  
Licenciado en Español y Literatura 
Universidad Tecnológica de Pereira.
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Fotografías: Juan Esteban Jaramillo. 
Licenciado en comunicación e informática educativa 
Universidad Tecnológica de Pereira



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