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Reseña del libro, "Qué español enseñar"
Sábado 03 de Octubre, 2015


Reseña del libro,



Por: 
Óscar Fernando Ramírez Mora
Estudiante de la Maestría en Lingüística, UTP




Moreno Fernández, Francisco (2007). Qué español enseñar. Arco/Libros, S.L. Madrid. 96 P. Reseña de Óscar Fernando Ramírez Mora

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“Los contextos en que puede desarrollarse la enseñanza y el aprendizaje de la lengua española son múltiples y, a veces, imprevisibles”. Así comienza la introducción del libro titulado Qué español enseñar, escrito por Francisco Moreno Fernández, un reconocido dialectólogo y sociolingüista español que ha publicado varias obras relacionadas con el tema. El libro mencionado se centra en la importancia que tienen las variables que presenta el español hablado en los sectores geográficos donde es lengua oficial.
Moreno Fernández (2007) plantea varios interrogantes en torno a qué español enseñar y el modelo lingüístico que conviene seguir. Para responder a ello, el autor sostiene que la lengua española es esencialmente variable y “manifiesta una multiplicidad de manifestaciones geolectales y sociolectales susceptibles de ser llevados a la enseñanza”.
El español es una lengua que presenta unas variaciones de tipo fonético-fonológico, gramatical y lexical en las diferentes regiones donde es hablada. Esto se resume en usos geolectales y sociolingüísticos variables.
Para Moreno Fernández la lengua española es un sistema lingüístico y vehículo de comunicación de una amplia comunidad. Por ende, tiene el carácter de ser homogéneo y, a la vez, por aglutinar variedades diversas. Para explicar esta afirmación, el autor cita una variedad de textos que corroboran la forma como precisamente hay unas variedades del español hablado tanto en España, América central y del sur.
El español es una lengua de cultura de primer orden. Esto se debe a la incursión de importantes escritores y poetas que han aportado con su legado al mundo de la cultura y del pensamiento occidental. Por otro lado, el español tiene prestigio internacional por ser la tercera lengua más importante del mundo, hablada por 400 millones de personas y por organizaciones internacionales como la ONU.
Moreno Fernández intuye que el español es una lengua geográficamente compacta y “es sentido de la esencia hispanoamericana”.
En otro capítulo titulado El español y sus variedades, el autor presenta una serie de cuadros donde se describen las variaciones de tipo fonético-fonológicas, gramaticales y léxicas que se presentan en los países donde predomina la lengua española. Para Moreno Fernández los factores históricos y geográficos son determinantes. Hablar -por ejemplo- de la pérdida de la consonante “s” en el español caribeño tiene una relación directa con lo que sucede en las islas canarias, si se hace una retrospectiva a los periodos de conquista del continente americano. O el hecho que en algunas partes de España se utilice el pronombre “ustedes”, en vez de “vosotros”, también se debe a los contactos recíprocos que han existido entre las diferentes culturas que integran el mundo hispano. Como bien señala Moreno Fernández: “la lengua española es sentida como una en todo el mundo hispánico, aunque variada”.
La homogeneización del español adquiere relevancia por el papel que cumplen los medios de comunicación. Francisco Moreno Fernández lo ejemplifica por la forma como las telenovelas mexicanas han logrado una cercanía en el público latinoamericano y en España. Esto se debe a la utilización de un formato de la lengua española que trata de ser lo más cuidadoso posible en cuanto al léxico y la fraseología, sin incurrir en registros propios de la lengua popular o coloquial, facilitando así su comprensión general.
Moreno Fernández en el transcurso de su obra defiende el hecho de que la lengua española es una coiné, “ya que se caracteriza por una homogeneidad lingüística apreciable especialmente en los niveles más cultos”. El término coiné hace referencia al carácter diasistémico de la lengua.
En el libro Qué español enseñar el autor reseña de manera sustancial algunas obras que abordan las variedades que presenta la lengua española. A parte de hacer su evaluación a los libros que desarrollan el tema en cuestión, sostiene que el Diccionario Panhispánico de Dudas es de gran utilidad para la enseñanza de la lengua porque “ofrece informaciones sobre variantes propias de distintos ámbitos geográficos y orientaciones sobre usos más o menos recomendables”. Para el caso del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), el autor señala que dicha fuente bibliográfica no tiene en cuenta las variaciones que se presentan en los países de América Latina.
El léxico español ofrece una variedad y un reparto geográfico digno de tenerse en cuenta para la enseñanza de la lengua. Efectivamente hay existencia de coincidencias lexicales a partir del cuadro que se encuentra en la página 47 del libro. Frente a esta concomitancia hallada, Moreno Fernández afirma que los usos léxicos hispánicos, como los fonéticos y los gramaticales, no están compartimentados geográficamente, sino trabados y entrelazados, dificultando la fragmentación.
Otro término clave es el de sociolecto. Moreno Fernández lo define como aquel rasgo caracterizador de un grupo social, esto es, de cualquier grupo de hablantes con un elemento en común. Por lo tanto, se deben distinguir dos tipos de sociolecto: sociolectos altos, pertenecientes a la lengua culta; y los sociolectos medios y bajos, pertenecientes a la lengua popular. Para esta última clase, existen numerosos rasgos dialectales que afectan a los niveles lingüísticos.
Cabe mencionar el concepto de jerga como un carácter lingüístico perteneciente a un grupo de hablantes dedicados a una actividad determinada. El uso de una jerga es una forma de marcar una identidad sociolingüística o la pertenencia de un grupo.
En el aparte titulado Modelo de lengua, Moreno Fernández defiende dos clases de modelo: uno ideal, el cual sería una abstracción y simplificación de una lengua realizada con el fin de convertirlo en ejemplar. Ese modelo puede ser creado artificialmente o puede ser seleccionado entre las posibilidades que la realidad ofrece. El otro modelo se trata de un mecanismo oculto: “una configuración abstracta y teórica de dos elementos que forman la lengua y que se manifiestan de modo concreto a través del habla, con toda su variabilidad”.
La conclusión a la que quiere llegar Moreno Fernández es que el modelo lingüístico que se debe implementar en la enseñanza, es aquel que tenga en cuenta el uso de la lengua escrita menos artificiosa y de la lengua hablada menos descuidada, es decir, donde se incluyan las variedades de la lengua que identifican a los lugares geográficos donde persisten.
El libro de Francisco Moreno Fernández es interesante porque trata de hacer énfasis en la diversidad geográfica del español, y su importancia en los procesos
de enseñanza aprendizaje como lengua segunda o extranjera. Los docentes, en ese sentido, deben poseer una formación básica y disponer de información adecuada sobre la realidad dialectal de la lengua que enseña. Además, la contextualización y la adecuación de los elementos lingüísticos al contexto son sumamente importantes en la enseñanza y el aprendizaje de una lengua y estos aspectos también han de integrarse en el modelo de la lengua.
El libro Qué español enseñar es rico en ejemplos que ilustran las variables fonético-fonológicas, gramaticales y lexicales existentes en la lengua española actual. Quizás, el interrogante que surge al leer el texto tiene que ver con los puntos vista del autor acerca de acento y dialecto. Pareciera que ambos conceptos significaran lo mismo, teniendo en cuenta que son dos aspectos completamente disímiles dentro del campo de estudio de la lingüística y la sociolingüística. Cuando Moreno Fernández habla acerca de acento argentino, español, mexicano, ¿se está refiriendo a dialecto? Se interpreta entonces que cada región donde se habla el español subyacen unos rasgos distintivos que identifican al grupo social. Se puede ejemplificar con el yeísmo y con el seseo, rasgos fonéticos característicos del español americano. Por otro lado, cuando el autor explica el término coiné, relacionándolo con el concepto estructuralista de diasistema (sistema de sistemas), ¿qué tan cierto es de que hay un sistema lingüístico simplificado que sirve de base para el desarrollo de diversos sistemas en comunidades de áreas geográficas diferentes?
“Los contextos en que puede desarrollarse la enseñanza y el aprendizaje de la lengua española son múltiples y, a veces, imprevisibles”. Así comienza la introducción del libro titulado Qué español enseñar, escrito por Francisco Moreno Fernández, un reconocido dialectólogo y sociolingüista español que ha publicado varias obras relacionadas con el tema. El libro mencionado se centra en la importancia que tienen las variables que presenta el español hablado en los sectores geográficos donde es lengua oficial.

Moreno Fernández (2007) plantea varios interrogantes en torno a qué español enseñar y el modelo lingüístico que conviene seguir. Para responder a ello, el autor sostiene que la lengua española es esencialmente variable y “manifiesta una multiplicidad de manifestaciones geolectales y sociolectales susceptibles de ser llevados a la enseñanza”.

El español es una lengua que presenta unas variaciones de tipo fonético-fonológico, gramatical y lexical en las diferentes regiones donde es hablada. Esto se resume en usos geolectales y sociolingüísticos variables.

Para Moreno Fernández la lengua española es un sistema lingüístico y vehículo de comunicación de una amplia comunidad. Por ende, tiene el carácter de ser homogéneo y, a la vez, por aglutinar variedades diversas. Para explicar esta afirmación, el autor cita una variedad de textos que corroboran la forma como precisamente hay unas variedades del español hablado tanto en España, América central y del sur.

El español es una lengua de cultura de primer orden. Esto se debe a la incursión de importantes escritores y poetas que han aportado con su legado al mundo de la cultura y del pensamiento occidental. Por otro lado, el español tiene prestigio internacional por ser la tercera lengua más importante del mundo, hablada por 400 millones de personas y por organizaciones internacionales como la ONU.

Moreno Fernández intuye que el español es una lengua geográficamente compacta y “es sentido de la esencia hispanoamericana”.

En otro capítulo titulado El español y sus variedades, el autor presenta una serie de cuadros donde se describen las variaciones de tipo fonético-fonológicas, gramaticales y léxicas que se presentan en los países donde predomina la lengua española. Para Moreno Fernández los factores históricos y geográficos son determinantes. Hablar -por ejemplo- de la pérdida de la consonante “s” en el español caribeño tiene una relación directa con lo que sucede en las islas canarias, si se hace una retrospectiva a los periodos de conquista del continente americano. O el hecho que en algunas partes de España se utilice el pronombre “ustedes”, en vez de “vosotros”, también se debe a los contactos recíprocos que han existido entre las diferentes culturas que integran el mundo hispano. Como bien señala Moreno Fernández: “la lengua española es sentida como una en todo el mundo hispánico, aunque variada”.

La homogeneización del español adquiere relevancia por el papel que cumplen los medios de comunicación. Francisco Moreno Fernández lo ejemplifica por la forma como las telenovelas mexicanas han logrado una cercanía en el público latinoamericano y en España. Esto se debe a la utilización de un formato de la lengua española que trata de ser lo más cuidadoso posible en cuanto al léxico y la fraseología, sin incurrir en registros propios de la lengua popular o coloquial, facilitando así su comprensión general.

Moreno Fernández en el transcurso de su obra defiende el hecho de que la lengua española es una coiné, “ya que se caracteriza por una homogeneidad lingüística apreciable especialmente en los niveles más cultos”. El término coiné hace referencia al carácter diasistémico de la lengua.

En el libro Qué español enseñar el autor reseña de manera sustancial algunas obras que abordan las variedades que presenta la lengua española. A parte de hacer su evaluación a los libros que desarrollan el tema en cuestión, sostiene que el Diccionario Panhispánico de Dudas es de gran utilidad para la enseñanza de la lengua porque “ofrece informaciones sobre variantes propias de distintos ámbitos geográficos y orientaciones sobre usos más o menos recomendables”. Para el caso del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), el autor señala que dicha fuente bibliográfica no tiene en cuenta las variaciones que se presentan en los países de América Latina.

El léxico español ofrece una variedad y un reparto geográfico digno de tenerse en cuenta para la enseñanza de la lengua. Efectivamente hay existencia de coincidencias lexicales a partir del cuadro que se encuentra en la página 47 del libro. Frente a esta concomitancia hallada, Moreno Fernández afirma que los usos léxicos hispánicos, como los fonéticos y los gramaticales, no están compartimentados geográficamente, sino trabados y entrelazados, dificultando la fragmentación.

Otro término clave es el de sociolecto. Moreno Fernández lo define como aquel rasgo caracterizador de un grupo social, esto es, de cualquier grupo de hablantes con un elemento en común. Por lo tanto, se deben distinguir dos tipos de sociolecto: sociolectos altos, pertenecientes a la lengua culta; y los sociolectos medios y bajos, pertenecientes a la lengua popular. Para esta última clase, existen numerosos rasgos dialectales que afectan a los niveles lingüísticos.

Cabe mencionar el concepto de jerga como un carácter lingüístico perteneciente a un grupo de hablantes dedicados a una actividad determinada. El uso de una jerga es una forma de marcar una identidad sociolingüística o la pertenencia de un grupo.

En el aparte titulado Modelo de lengua, Moreno Fernández defiende dos clases de modelo: uno ideal, el cual sería una abstracción y simplificación de una lengua realizada con el fin de convertirlo en ejemplar. Ese modelo puede ser creado artificialmente o puede ser seleccionado entre las posibilidades que la realidad ofrece. El otro modelo se trata de un mecanismo oculto: “una configuración abstracta y teórica de dos elementos que forman la lengua y que se manifiestan de modo concreto a través del habla, con toda su variabilidad”.

La conclusión a la que quiere llegar Moreno Fernández es que el modelo lingüístico que se debe implementar en la enseñanza, es aquel que tenga en cuenta el uso de la lengua escrita menos artificiosa y de la lengua hablada menos descuidada, es decir, donde se incluyan las variedades de la lengua que identifican a los lugares geográficos donde persisten.

El libro de Francisco Moreno Fernández es interesante porque trata de hacer énfasis en la diversidad geográfica del español, y su importancia en los procesos de enseñanza aprendizaje como lengua segunda o extranjera. Los docentes, en ese sentido, deben poseer una formación básica y disponer de información adecuada sobre la realidad dialectal de la lengua que enseña. Además, la contextualización y la adecuación de los elementos lingüísticos al contexto son sumamente importantes en la enseñanza y el aprendizaje de una lengua y estos aspectos también han de integrarse en el modelo de la lengua.

El libro Qué español enseñar es rico en ejemplos que ilustran las variables fonético-fonológicas, gramaticales y lexicales existentes en la lengua española actual. Quizás, el interrogante que surge al leer el texto tiene que ver con los puntos vista del autor acerca de acento y dialecto. Pareciera que ambos conceptos significaran lo mismo, teniendo en cuenta que son dos aspectos completamente disímiles dentro del campo de estudio de la lingüística y la sociolingüística. Cuando Moreno Fernández habla acerca de acento argentino, español, mexicano, ¿se está refiriendo a dialecto? Se interpreta entonces que cada región donde se habla el español subyacen unos rasgos distintivos que identifican al grupo social. Se puede ejemplificar con el yeísmo y con el seseo, rasgos fonéticos característicos del español americano. Por otro lado, cuando el autor explica el término coiné, relacionándolo con el concepto estructuralista de diasistema (sistema de sistemas), ¿qué tan cierto es de que hay un sistema lingüístico simplificado que sirve de base para el desarrollo de diversos sistemas en comunidades de áreas geográficas diferentes?



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