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Rotundo como una pedrada
Sábado 03 de Octubre, 2015
Por: Jose Hoyos


Rotundo como una pedrada


Por: Jose Hoyos

joseanca78@gmail.com


Hoy no madrugué, tampoco en los últimos once años, qué diablos. Hoy no dejé el chocolate pese a mi propensión a la diabetes, la única herencia que me dejó mi padre. No hice ejercicio ni recuperé mi estado físico, como me lo vengo proponiendo hace años, décadas. Esta mañana no hice café, lo odio. Tampoco he dejado la cerveza, me aliviana. Noche y Cerveza son palabras ante las que todavía me arrodillo. Hoy no vi noticieros (esa trampa cazabobos) ni leí el periódico para no saber cómo va el mundo, esto no tiene remedio. Hoy no fui optimista ni tracé mi futuro, para qué, si las cosas siempre van mal a los treinta, o a los nueve o a los setenta.

Hoy no tuve valor para desenfundar  un madrazo a los reguetoneros que tengo por vecinos (no pido paciencia, pido un rifle de precisión). Hoy aprendí de Mafalda que si alguien me golpea una mejilla, estoy en la obligación de aprender karate. Hoy no cancelé mi cuenta de Facebook; como todos, sigo engañándome creyendo que mis amigos están ahí. Hoy quise hacerme amigo del anonimato, pero desistí porque descubrí que es una variedad solapada del protagonismo. La popularidad, ¿importa mucho?

Hoy no perdí el miedo a los ratones, ni al perro de mi vecina, que siempre me hace cambiar de acera y quedar como un idiota. Hoy no busqué trabajo: no tuve que pedir aumento ni presentar mi renuncia irrevocable. Hoy no alcancé ningún conocimiento literario. Hoy tampoco aprendí a escribir (el único oficio que se hace más difícil a medida que más se practica). Hoy no hice el bien, no reciclé ni di limosna. No regalé mi ropa vieja a los pobres porque la tengo puesta.

Hoy no asistí a una exposición de arte conceptual porque no la hubiera entendido: si hay mugre, veo mugre. Si fumara, hoy no lo habría dejado. Hoy Europa no le devolvió a América todo lo que le ha robado. Hoy el Papa no aguantó hambre y la mitad de sus fieles sí. Hoy no fui capaz de pegarle una pedrada a un policía.

Hoy no fui a cine solo, tampoco acompañado. Hoy no tuve sexo con ácidos, que según dicen es una experiencia enloquecedora porque se despiertan a la vez todos los sentidos. Tampoco tuve sexo sin ácidos. Hoy no alcanzamos la suficiente confianza como para aspirar al silencio mutuo. La rutina nos convirtió en un enero sin diciembre. Hoy tampoco entendí los dos capítulos que releí de Ulises, mejor, así no tendré que dar opiniones eruditas. Señor de la humildad, líbranos de los círculos literarios. Lo único que se me ocurriría preguntar en una “honda conversación intelectual” es por qué ese Ortega siempre anda con Gasset y cómo es que siempre están de acuerdo. No quiero ser filósofo, me conformo con ser filoso.

Sigo sin aprender la diferencia entre aquí y acá, ¿importa mucho? Hoy no superé mi dixeslia, perdón, dislexia. Hoy no investigué con rigor académico, tampoco sin rigor. Hoy afirmé mi repulsión a los malos profesores, son como los malos médicos: para disimular su incompetencia utilizan el regaño y la descalificación. Hoy confirmé que la academia no ha muerto, siempre huele así. Hoy no fui tan irresponsable como para dejar de vagabundear ni tan idiota como para hablar en serio. Hoy no cometí poemas. Los únicos aciertos de mis versos son los tachones. No me hice poeta porque eso es muy difícil, es más fácil ser extra sin parlamento, o dinamitero o agente encubierto.

Hoy no me hice acompañar más que de Led Zeppelin. Todas las afrentas que nos hace Dios deben ser producto de la infinita soledad en que vive, si tan siquiera escuchara la guitarra de Jimmy Page…  Hoy también fracasé. Ya empiezo a acostumbrarme a la liviandad que acompaña al fracaso, hasta se siente bien. Pero Cesar Vallejo retumba en mi cabeza: “¡Ay de tanto!¡ay de tan poco!”.

Qué le voy a hacer, sirvo más para incendiario que para bombero. Ya sea por coraje o cobardía, todo lo que no hago y lo que no soy también me define. Hoy no perdí la esperanza solo por la forma como la describe Emily Dickinson: esa cosa con plumas.



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