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LA GRAN PIQUERÍA: Sabaneros v.s Vallenatos
Domingo 10 de Enero, 2016


LA  GRAN  PIQUERÍA:  Sabaneros  v.s   Vallenatos

 

Por: ALEXÁNDER  GRANADA  RESTREPO (MATUSALEM)

(lascaravanasdematusalem@hotmail.com)

 

 

Los que creemos en espíritus colectivos, reconocemos que en el norte de Colombia se manifiestan dos grandes espíritus musicales: el Espíritu Sabanero y el Espíritu Vallenato.  Muchos creen que toda la música del norte de Colombia y del Caribe colombiano se llama genéricamente música vallenata, y por ello, asocian el acordeón como instrumento hecho para interpretar únicamente la música vallenata. No es verdad.

ESPÍRITU  VALLENATO: Las fronteras espirituales de este aire fantástico inician en el occidente de la Sierra del Perijá venezolano, pasa por el Sur de la Guajira y el Norte y Centro del Cesar llegando a instalarse hasta el Sur del Magdalena. Los principales ritmos que logran interpretar este espíritu musical son: el paseo, la puya, el merengue, el son, el chicote y el pilón. Los instrumentos necesarios para lograrlo son: el acordeón, la caja y la guacharaca. También la guitarra pudo, siendo la primera,  develar la silueta musical de este espíritu rítmico.

El vallenato, sin embargo, no es un ritmo, sino un gentilicio. Inicialmente fue un término despectivo que utilizaban los encopetados del  Alto Magdalena contra los habitantes de Valledupar y la gente de su alrededor, por motivo de una epidemia que afectó la piel de los habitantes del Valle que producía un Carate  de pigmentación blanca y negra y los samarios les pareció que era como la piel del hijo de la ballena. Luego el nombre fue asociado a Valledupar y hasta hoy llamamos también vallenatos a los habitantes de esa zona del país. Este bello espíritu ha sido tan impresionante en quienes lo disfrutan, que con su difusión lograron romper sus fronteras espirituales, llevándolo a muchos rincones del mundo.

En el siglo XX el vallenato alcanzó su primera madurez, gracias al trabajo constante de sus virtuosos creadores y a la efectiva gestión de sus más célebres embajadores. En la política el embajador fue el expresidente Alfonso López Michelsen y su esposa Cecila Caballero; en la literatura, Gabriel García Marquez; en el periodismo Daniel Samper Pizano; en la interpretación Carlos Vives y como representante de los juglares, Rafael Escalona, que era el más culto, porque era bachiller y fue guiado musicalmente por Enrique Pumarejo. Rafael Escalona encontró la justamedia del lenguaje vallenato y esto hizo que toda su obra literaria fuera memorable. En la construcción administrativa, “La Cacica,” Consuelo Araújonoguera, fundó con ellos una sede cultural y el gran Festival de La Leyenda Vallenata, y pudo condensar  toda esta riqueza  musical para que fuera aprovechada por los creadores y por toda la región, rescatándola de la dolorosa volatilidad económica y cultural en que vivía.

No podríamos nombrar todos sus creadores, ni diferenciar correctamente los intérpretes musicales, de los autores y los cantores, pues en sus comienzos se debían integrar las tres virtudes para ser escuchado y, tal vez, lograr recibir alguna retribución económica por la demostración artística. Fueron y son pilares del vallenato: Emiliano Zuleta, Rafael Escalona, Alejo Durán, Nicolás “colacho” Mendoza, Abel Antonio Villa, Guillermo Buitrago, Francisco Rada, Juancho Polo Valencia, Bienvenido Martínez, Toño Salas, Carlos Huertas, Lorenzo Morales, Luis Enrique Martínez y Leandro Díaz, entre otros.

Si la canción “La gota fría” de Emiliano Zuleta es considerada la crónica mejor cantada en este género, el segundo verso del paseo “Matilde Lina”, es tal vez, el verso de conformación perfecta, de éste aire musical. Siendo Leandro Díaz un poeta primitivo, ciego de nacimiento, ignorante de las estructuras académicas de la música, crea esto verso musicalizado que hace reventar las leyes establecidas de la música, las cuales, al verse rebasadas, con “Matilde Lina”, no les queda más remedio que acogerlo como uno de los suyos. Fragmento:

     “Este paseo es de Leandro Díaz/ Pero parece de Emilianito
      Tiene los versos muy chiquiticos/ Y bajitos de melodía.
      Tiene una nota muy recogida/ Que no parece hecho mío
      Y era que estaba en el río/ Pensando en Matilde Lina (bis)”.

En la segunda generación de grandes intérpretes musicales aparecen: Israel Romero, Egidio Cuadrado y el “Cocha” Molina. De los autores y cantores sobresalen Jorge Oñate, Los hermanos Zuleta, Beto Zabaleta, Omar Geles, Iván Villazón, Gustavo Gutiérrez y el gran Diomedes Díaz. El vallenato es esencialmente un ritmo creado para contar historias cantando, con una fuerte carga de lirismo y romanticismo. Su origen campesino indica por qué no es para bailar.

Antes de hablar del espíritu sabanero debo decir que en litoral, Santa Marta, Barranquilla, Cartagena, La Sierra  y sus alrededores confluyen otros aires, que aunque figurativamente son más pequeños, son a la vez, más variados. Por ahora exaltemos la fusión que se presenta con los aires africanos, árabes, turcos, libaneses, y de toda la música del Caribe que la influye profundamente. Basta mencionar a Joe Arroyo, Wilsón “Manyoma”, Morgan Blanco, Isaac Villanueva, Chelito de Castro, Petrona Martínez, Totó la momposina ,Adolfo Echeverría, Alci Acosta, Wilsón Choperena y el académico cordobés Francisco Zumaqué quien recoge todo el aire del litoral; para entender el valor cultural de estas expresiones artísticas. José Barros, Pacho Galán y Lucho Bermúdez, tienen espacio aparte. Ellos hicieron del clarinete un rey, y de la cumbia,  el edicto que ordenaba mover las caderas.


ESPÍRITU  SABANERO: Tiene sus fronteras espirituales en Córdoba, Sucre y el Sur y Centro de Bolívar. Aunque lo reconocen más de treinta ritmos, lo manifiestan especialmente la cumbia, el porro, la gaita y el chandé. Tiene carácter festivo y por ello involucra otros instrumentos como la timba, las maracas y la gaita colombiana. Sus representantes principales son y fueron: Alfredo Gutiérrez, Calixto Ochoa, Lisandro Meza, Eliseo Herrera, Rubén Darío Salcedo, Aníbal Velásquez, Cesar Castro, “Chico” Fernández; creadores de los “Corraleros de Majagual” o lo que yo llamo: LaUniversidad de la Música Sabanera. Ellos con Andrés Landero, “Toño” Fernández, Adriano Salas Manjarrés y Adolfo Pacheco, son los Decanos de la música tropical sabanera. La segunda generación de autores y de intérpretes de la música sabanera la lideran: Joche Meza, Cesar y Rolando Ochoa, “Juancho” de la Espriella, John Salcedo, William Torres, Ever Sierra, Manuel Vega, Julio Cárdenas, Armando Prasca, Luis Alberto Prado y el estructurado “Chane” Meza. En las mujeres sobresalen Aglae Caraballo, Mayté Montero y Adriana Lucía.

ADOLFO PACHECO: Debido a la decisión que tomaron en Valledupar de fundir la música de acordeón en una sola y llamarla música vallenata, este formidable juglar de San Jacinto crea uno de los hitos musicales más memorables de la música sabanera y lo presenta en Valledupar con su compadre Ramón Vargas, proponiendo algo inédito:una piquería pacífica entre los ejecutantes de los dos espíritus. Una piquería que reconozca los marcadores culturales de las dos regiones, pero que sea capaz de sentar en una misma hamaca al pueblo del Valle y al de la Sabana. “La hamaca grande”

   

“Compadre Ramón/ Le hago la visita
 Pa´que me acepte la invitación/ quiero con afecto
 Llevar al Valle en cofre de plata/ una bella serenata
 Con música de acordeón (bis)
 Con notas y con folclor/ De la tierra de la hamaca”.
 “…Y llevo una hamaca grande/ más grande que el Cerro e´ Maco
Pa´que el pueblo vallenato/ meciéndose en ella cante”.

 

Cada año se realiza en Cartagena el Festival de La Hamaca Grande, cuyo nombre hace honor a la canción de Adolfo Pacheco, su himno.

ALFREDO  GUTIERREZ: Juglar sabanero de origen cesarense. Es un artista inconmesurable; interpreta con maestría los aires de las dos regiones y su ejecución es catalogada como magistral. Ha sido tres veces rey vallenato y fue de los primeros en desbordar las fronteras con la música de acordeón. Su maestría no sólo radica en sus virtudes creativas e interpretativas, sino que involucra en su representación un lenguaje kinésico, absolutamente original, impartiéndole la singularidad y belleza estética que busca todo gran creador.

RUBÉN DARÍO SALCEDO: Salí del Museo de arte de Sincelejo acompañado del maestro Salcedo, tomamos un taxi en dirección a su casa, y el taxista al identificarlo empezó a cantar sus canciones: Ay Helena y Ojos verdes. El maestro musical sonreía, fue un momento muy bello y particular. Es creador de ritmo “el pasebol” que fusiona la música de acordeón con el bolero; es el autor, además de otras cuatrocientas canciones, del himno de feria más importante del norte de Colombia: “Fiesta en corraleja”.

“Ya viene el veinte de enero/ La fiesta de Sincelejo
 Los palcos engalanados/ La gente espera el ganado
  Esta sí es la fiesta buena/ La fiesta de corraleja”.

 

LISANDRO  MEZA: Rey sabanero del acordeón. Este juglar incomparable ha grabado más de ciento veinte disco donde sobresalen temas como: Soledad, Estás pilla´o, La cumbia del amor, Hace un mes, Parapolítico no y El hijo de Tuta. Gracias a los buenos oficios de Joche Meza, su hijo y heredero musical, pude entrevistarme con el juglar en su casa de Los Palmitos (Sucre), en la vía a Cartagena, y disfrutar del delicioso cafecito caliente de “La Niña Luz”, su esposa, doña Luz Domínguez. Lisandro Meza añade a su creatividad y a su inagotable energía, abundantes recursos paralingüísticos, con composiciones de elementos cuasi-léxicos, parece un enredo, pero lo hacen único. Observemos un poco de ello en esta canción de despecho, “Baracunatana”:

 

“Por eso, tu eres/ Turuncunocolo,locurucutu,
 Mulata, cucharambí/  Baracunata, baracunatana,
 Y con el mono de la moto/  Eran nueve que tenía
Y te ponían serenata”.

 

CALIXTO  OCHOA: Falleció en Sincelejo el 18 de noviembre del 2015. Hoy decimo como dijo Juancho Polo Valencia en su gran lamento cuando perdió a su “Alicia adorada”: AY hombe. Perdió Colombia uno de sus más grandes tesoros musicales. Nació en Valencia de Jesús (Cesar), vivió la mayor parte de su vida en Sincelejo (Sucre). Fue el juglar más prolífico del norte de Colombia; grabó más de mil canciones, entre ellas: El africano, Lirio rojo, La medallita y  El pirulino. Como Alfredo Gutiérrez, Calixto Ochoa podía mover su alma sensible entre los dos espíritus predominantes de la música de acordeón.  En 1970 fue proclamado en Valledupar como rey vallenato, siendo a la vez, uno de los más insignes juglares sabaneros. Padeció en sus últimos años una molesta enfermedad renal que logró detener un tanto su trabajo creativo; esta situación no fue impedimento para que me concediera el privilegio de compartir con él una tarde inolvidable en la terraza de su casa, escuchando sus canciones al son de las palmas, gozando de la generosa hospitalidad de su dulce esposa Dulsaide del Rosario, y la de su hijo. Escribió Calixto Ochoa el himno musical más grande de la música de acordeón, logrando con él, asimilar, sin sobreponer ninguno, toda la apropiación creativa y la belleza de la poesía musical que se manifiesta en el espíritu vallenato y en el espíritu sabanero: “Las sabanales”


“Cuando  llegan las horas de la tarde/ Que me encuentro tan solo y muy lejos de ti
  Me provoca volvé a los guayabales/ De aquellos sabanales donde te conocí”.

 

Gracias maestro, gracias juglar; el Señor de los cielos otorgue paz a su alma y fortaleza y unión a toda su familia.

 



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