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Salomé, siete años, su forma de ver el mundo
Domingo 10 de Enero, 2016
Por: Jose Hoyos


Salomé, siete años, su forma de ver el mundo
Por: Jose Hoyos
joseanca78@gmail.com



Salomé está en segundo de primaria y ya aprendió a escribir. Garabatea letras en el cuaderno, pero escribe con perfecta lógica y sentido. Siempre ha sido más bien parlanchina.Adquirir una segunda forma de comunicarse tiene para ella un valor equivalente a descubrir un continente. Y es mucho lo que tiene para decir. Vive en una ciudad y yo en otra, pero acortamos distancias a través de palabras.Conversamos, no hablamos así nomás, no, mantenemos diálogos con toda la hondura de los asuntos más importantes de la vida, o sea los infantiles. La mamá le pregunta qué es eso que está dibujando y ella le responde: «Estoy dibujando a Dios.»«¿Y cómo puedes dibujarlo, si no sabes cómo es?» «Pues para eso lo dibujo.» Un día le sugerí que más bien conversáramos por escrito. Después de que –con una insistencia que alcanzó la categoría de huelga– consiguió que la mamá le enseñara a manejar el teclado del computador, empezó a mandarme pequeños fragmentos escritos donde cuenta todo lo que hace y piensa. Escribe con sencillez y naturalidad, sin buscar efectos, sin adornos ni rodeos (tomen nota). Y cuando no tiene nada para decir no escribe. He seleccionado algunos de esos fragmentos; son los que mejor retratan la fascinante visión del mundo infantil. Solo añado algunos accesorios gramaticales y de redacción, por lo demás, todo está tal cual Salomé lo escribió. Aquí va:

Tío, imagínese que a la vecina de la casa amarilla le trajeron otro bebé. El esposo de ella tuvo rabia y se fue de la casa. Es un bebé muy bonito, tiene los ojos verdes, como los del señor que nos trae la leche, se parecen mucho.

Por fin aprendí a cepillarme sola: sostengo el cepillo bien quietico y muevo la cabeza de un lado a otro. Usted debería cepillarse así, es tan divertido.

En la casa tenemos dos gaticos chiquitos, hembra y macho. Yo les puse nombre, solo tuve que acordarme de dos palabras que oigo mucho en la escuela. Entonces a ella la puse “Disciplina” y a él lo puse “Juego”.

Mi amiguito Sebas me dijo que quería ser marinero cuando fuera grande. Pero esta mañana me dijo que ya no. Fue que anoche le explicaron lo que eran los tiburones.

La profesora nos contó que hace años unos hombres fueron hasta la luna. Yo dije que debieron haber llegado en luna llena, porque si lo hubieran hecho cuando la luna está como un banano, se hubieran resbalado, y habrían quedado colgando de ese cachito.

En la casa tuvimos una visita. Vino mi madrina, una señora que habla mucho y siempre grita. Además trajo a sus dos hijas, que nunca se quedan quietas y todo lo dañan. Mi abuela dijo hace días que Mónica, la mayor, se cree muy bonita, pero tiene los dientes como una lámpara de cristal que se estrelló contra el piso. Apenas llegaron, no sé por qué mi abuela corrió y puso una escoba detrás de la puerta.

El señor de la finca adonde a veces voy con mi mamá está muy viejito. Un día lo vi quitarse los dientes. Cuando le pregunté si esos dientes de mentiras que se pone no le estorbaban me dijo que no, y que no le hacían tanta falta, que hasta podría morder igual sin ellos. Se puso rabioso cuando le dije: a ver, quítese los dientes y muerda esta manzana pues.

También nos contó la profesora que hace muchísimo tiempo por allá muy lejos existió un caballo de madera grandísimo. Fue un regalo, dijo. El problema era que llevaba gente adentro. No entiendo por qué me regañó mi mamá cuando me pasé todo un día revisando con una linterna la bicicleta que me regalaron en mi cumpleaños.

Tío, le voy a contar un secreto: en mi casa hay un monstruo. Pero no le dé miedo, es muy suavecito, yo lo quiero mucho, qué importa que sea monstruo. Imagínese que tiene cabeza de conejo y cuerpo de conejo, pero de un conejo distinto. No es una inventación mía, se lo juro. Yo misma le puse nombre: se llama “Elefante”.

Ya sé contar hasta sesenta, saltándome algunos pedazos. Para ir ensayando, cuando la escuela está muy aburrida (siempre) cuento las veces que me late el corazón, y logro contar hasta mucho, pero siempre se me acaban los números.

Por la noche salí de la casa con una escoba, había muchas nubes y tapaban las estrellas. Tío, ¿usted ha oído el ruido que hacen las estrellas? A veces ni dejan dormir.

Tío, ¿se dio cuenta de lo que pasó? Pues imagínese que esa Juana se puso a pelear con Daniela y le arrancó todo el pelo. Daniela se llama una de mis muñecas, la otra se llama Juana.

En la escuela un profesor nos leyó el cuento de La cigarra y la hormiga, vea se lo cuento. Para estar bien en invierno, la hormiga trabajó todo el verano. La cigarra no trabajó nada, solo cantaba y jugaba. En invierno la hormiga tenia comida guardada y la cigarra nada. Pero me imagino los dolores de espalda de la hormiga. Eso queda de tanto trabajar, o sino pregúntele a mi abuelo. En cambio la cigarra jugó y jugó. ¿Tío, no será mejor ser cigarra que hormiga?

Las mariposas que hay en el patio de la casa se quedan quietas mucho tiempo. Vuelan y se quedan quietas, vuelan y se quedan quietas. Yo me quedo mirándolas mucho rato, debe ser que están dormidas, soñando. ¿En qué soñarán? Yo creo que sueñan que una niña las mira pensando en qué soñarán.

Chao tío, ya me tengo que ir, tengo que ponerle cuidado a los gaticos, es que se ponen a pelear cada rato. Ese Juego siempre le pone problema a Disciplina. Ahora mismo están peleando, y Juego le está pegando a Disciplina.



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