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LOS CAPRICHOS
Viernes 06 de Mayo, 2016


LOS CAPRICHOS

 

Por: Alan González Salazar


Omar García Ramírez (Armenia, Quindío, 1960). Náufrago. Entregado a la locura. Cruza el Atlántico, arriba a la Habana y de allí a España, migra de España a Italia y retorna a Colombia, se instala a las afueras de la ciudad de Armenia, construye con sus propias manos la cabaña donde ahora pinta y escribe. Desde la década de los ochenta hace parte de la pléyade de artistas que han contribuido al movimiento y renovación tanto de las artes visuales como de la narrativa del país. Ni calma ni orden, solo líneas en fuga. Pasa, como sustentan sus críticos, de la obra abstracta de inspiración precolombina a la etapa surrealista urbana y de allí  a lo fantástico, lo mágico y lo carnavalesco. Aquí, el desgarrador relato de un sobreviviente de Le Radeau de la Méduse.

  • En un principio todo parece oscuro, pero si rasgamos, como en la técnica de esgrafiado, encontramos los matices, el color, las texturas, un mundo y una paleta propia que lo distinguen ¿Qué otros materiales utiliza en Los Caprichos?

La serie “Los Caprichos” es una selección de dibujos y pinturas que abarcan un periodo de más de 20 años. Allí trabajo con técnicas mixtas, acrílicos, oleos, tintas chinas sobre papel, madera y lienzos.

  • Los Caprichos nos remite, sin atajo, al pintor español Francisco de Goya, como él ¿padece usted de mal humor?

A pesar de lo que mucha gente pueda pensar, soy una persona que procuro estar en buena sintonía con el mundo y el cosmos; trato de reflejar no solo la cara oscura de la vida, puedo considerar que también hay espacio en mi trabajo para el erotismo y una suerte de vitalidad salvaje.

  • En consecuencia con la metáfora marítima ¿Arrojaría, como en La Nave de los Locos, todos sus personajes al mar?

Sería una estupenda idea. Pero no estoy seguro de que arribaran a puerto seguro. Es muy probable que en medio de una fiesta-aquelarre saltara más de uno por la borda. Erasmo de Rotterdam sería el primero en abandonar el barco. Mis criaturas a veces son un poco extrovertidas.

  • ¡La riqueza de la fealdad!

En la fealdad hay una riqueza de gestos y formas que hacen parte de la vida. Por otra parte, sin esa faceta vital, no podríamos admirar toda la extensión de la belleza.

  • ¿Podemos afirmar que se regodea no ya en el sueño, sino en la pesadilla y el horror?

De cierta manera hay algo grotesco en la pesadilla que me llama la atención, y es su barroquismo. La belleza puede ser minimalista y hasta funcional, pero la fealdad y lo extraño va aunado de cierto barroquismo lírico que me entusiasma como artista. Exploro esa parte en donde lo mitológico, la zoomaquia, la metamorfosis nos ofrecen una iluminación profana.

 

  • Lo feo une dos formas de sentir que parecen contrarias: el rechazo y la compasión. ¿Se dirige un público particular?
Sí, así es, el extrañamiento que se une a lo fantástico. De cierta manera lo monstruoso es una forma de la maravilla. Mi público es el mismo que gusta del misterio, que va buscando en los matices de lo extraño iluminaciones; y también, el objeto de mis caricaturas y obsesiones estéticas. Ahora, ese misterio puede estar presente de alguna manera en lo más anodino y normal; buscar ese punto focal en donde cierta deformación de la visión exprese algo que se supone esta más allá de las apariencias; en el fondo, es mi apuesta.


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