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LA LARGA NOCHE DE LA ESCRITURA
Domingo 25 de Octubre, 2020


LA LARGA NOCHE DE LA ESCRITURA



Por: Aleida Tabares Montes / Directora Laboratorio Teatral La Metáfora



El paseo de los esquizofrénicos, un reto investigativo.

 

 

   Más de cuatro años, desentrañando esos misterios de la obra El Antiedipo, de Gilles Deleuze y Félix Guattari.  El Anti-Edipo, quien me presenta a Artaud,  desde un repliegue de suscitaciones, grandeza y virulencia. Es fácil explicar la fascinación que un autor como Artaud ejerce en nuestra sensibilidad, en cuanto vivir en un país como Colombia, donde la muerte acecha con sus mil caras, nuestros días y nuestras noches; donde parece que nada es posible, no obstante, la resistencia y la creación son componentes vívidos y fortalezas, en medio de las azarosas aguas de la tiranía, reactualizando con sus aullidos urgentes la  clarividencia de  Rimbaud:

 

…“¿Qué son para nosotros, corazón mío, esos mantos de sangre

y de braza, y mil crímenes, y los largos gritos

de rabia, sollozos de todo infierno que voltea

todo orden;  y el Aquilón aún, sobre las ruinas?

¿Y todo venganza? ¡Nada!...

¡Pero si todos aún la deseamos!

Industriales, príncipes, senados ¡Pereced!

Poder, justicia, historia ¡abajo!

Esto no es debido

¡Sangre! ¡Sangre! ¡Sangre! ¡Llamas de oro!

Todo a la guerra, a la venganza, al terror.

¡Espíritu mío! Agitémonos en la mordedura:

¡Ah! ¡Pasad!

¡Repúblicas de este mundo!

Emperadores,  regimientos, colonos, pueblos.

¡Basta!”


     Este vivir desde las grietas, desde un vigor instalado en lo minoritario, es la antorcha seguidora que me posibilita no bajar la guardia, además de un coraje, una fuerza, tal vez una locura, aquí todos estamos un poco locos, en correspondencia con unas preguntas fundamentales sobre la vida, la sociedad, el teatro. El resultado inicial fue un texto lleno de marcas y citas, que más se configuraba como una conferencia sobre Artaud, el suicidado de la sociedad, no obstante fue el genotexto que me permitió irrumpir en la escena teatral en tanto dramaturga y directora;  donde se sumaron  con un extraño y misterioso ímpetu actores, actrices, músicos, bailarines, artistas plásticos, sociólogos, filósofos.  Así las cosas, El paseo de los esquizofrénicos es una ardua escritura en escena, que permitió a sus participantes una inmersión en el mundo interior, un acercamiento a esos oscuros registros de nuestro inconsciente, propiciando herramientas liberadoras, generando confrontaciones con nuestros traumas y, por supuesto, devorando varios elencos, por la complejidad y profundización de nuestras memorias individuales y colectivas.

     Al trasegar por el Anti-Edipo, aparece Klossowski con su paseo esquizo, el eterno retorno y sus simulacros. ”La vida se reitera para recobrarse en su caída, como reteniendo su aliento en una aprehensión instantánea de su origen, pero la reiteración de la vida por si misma quedaría desesperanzada sin el simulacro del artista, al reproducir ese espectáculo, consigue escapar,  el mismo de la reiteración.”

A renglón seguido Proust, nos anticipa ese juego opalescente de los sexos, donde se advierte que prevalece uno sobre otro y con él presentimos el fulgurante sexo no humano, aunque habita el masculino y el femenino en un cada uno. Arqueada en esa fascinación por el lenguaje del terror, John Kennedy Toole me  presenta a través de su obra  La Conjura de los Necios a Ignatus, irredento, desadaptado, indómito; con la fascinación explícita de un personaje que encarna la teatralidad.  En esa irrupción propia del misterio que  persigue todo proceso creativo, Camille Claudel conspira con firmeza para dar cuenta de los acantilados secretos del hombre y la mujer contemporáneos.  Camille Claudel se convierte en la hermana patafísica de los poetas del horror, de los suicidados de la sociedad y precipita un insólito juego de simulacros y simultaneidades, donde la hija se vuelve madre, donde el hijo se vuelve hija, la madre simula ser Artaud,  Artaud  se convierte en el  conferencista que habla de Artaud, el  victimario se vuelve víctima y  los muertos resucitan una y otra vez. 

     En los primeros cuatro años se hizo la investigación que arrojó el genotexto. Cuatro 4 años más para hacer posible la puesta en escena y, claro, al igual que Ignatus tuve esa larga noche en que no fue posible dormir, después de haber sido abandonada por un elenco y otro. Así de fuerte, así de cruel. Nada me detuvo, volví a levantarme de las cenizas. Entonces me dije: Haré un monólogo. En el teatro o, mejor, en la creación, en la vida misma, hay franjas de nuestro ser que engendran fuerzas y certezas insospechadas. Regresaron, como regresa el hijo pródigo, los actores, las actrices, para llevar a cabo este acto de valentía que hizo posible una puesta en escena memorable. Cada función un acto vivo e irrepetible. La obra estuvo en la escena teatral bogotana y recorrió otros lugares del país durante cuatro años. Quiero resaltar a la Fundación Contrabajo con su ardua labor de creación de público en la gran periferia bogotana, esta obra, hermética para muchos, llega a un público intergeneracional, suscitando muchas sinergias y una conexión solo explicable desde la remoción de escombros que hace la escena en la mente humana.  Ir a las periferias de ciudades como Bogotá y regiones como el Eje Cafetero, me ha enseñado que es allí donde se forman públicos, colocando en cuestión todo ese avasallamiento que las industrias culturales han hecho en la vida cotidiana y apostando por el acto teatral como un acto, al cual todos tenemos el derecho de acceder.

     El texto dramático, inspirado en los poetas y autores ya mencionados, se coloca en la voz de los personajes, en algunos momentos de manera literal y en otras en diálogo con mis reflexiones e interpretaciones.  Es una forma poco corriente de abrir la puerta a un pensamiento alternativo.   Diríase que es, si se permite la acepción, actuar autores, un tanto inescrutables para el gran público, reto interesante, donde he encontrado que muchas líneas e imágenes de la obra quedan instaladas en la memoria de los espectadores.  Del mismo modo se recuperan escenas de la pintura del Bosco como lienzo para hablar de la locura.  La obra es un tejido intertextual que tiene interés en hacer un breve recorrido por la poesía, el teatro, la pintura y la filosofía.  Mi pasión  como lectora me llevó a verbalizar la complejidad y ponerla en escena. Probando así que todos estamos en capacidad de descifrar códigos abstractos y que estamos en relación vital con ellos.  

     Nacimos, morimos, nos transformamos en cada momento escénico, encarnando la potencia propia de su génesis. Me arrogo el derecho a rescatar de los precipicios del olvido El paseo de los esquizofrénicos y decirles con serenidad que esta obra  tiene un lugar en la historia de nuestro teatro. 

 

Bogotá 8 de junio de 2020.

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